Capilla del Cementerio Viejo


capillalm1Muchas ciudades cuentan con dos cementerios: el viejo y sobrepasado, y el nuevo que se construyó más lejos para dar cabida al crecimiento de la ciudad. El viejo suele ser el reflejo de la historia de esa ciudad, con ricas tumbas y monumentos que muestran la pompa y el arte funerarios de siglos pasados, mientras que el nuevo suele ser muestra del pragmatismo y la modernidad. Terrassa tuvo también un camposanto lleno de historia, pero a diferencia de otras ciudades, no lo conservó y perdió parte de su patrimonio trasladando, eso sí, algunos panteones y tumbas al nuevo emplazamiento. Es precisamente esa pérdida la que confiere mayor importancia a la capilla que podemos contemplar hoy día en la plaza de Joan Miró, único vestigio que nos queda del antiguo cementerio junto con el monumento funerario dedicado a Jaume Jover i Valentí Alagorda, obra de Melcior Viñals,

La Capilla del Cementerio Viejo data de finales del siglo XVIII y es un edificio protegido como Bien Cultural de Interés Local (BCIL). De corte neoclásico, este pequeño templo posee una planta rectangular con nave cuadrada y ábside semicircular de aspecto sobrio y sencillo. Fue construida con piedra arenisca y cuenta con una cúpula de ladrillo que, junto con su fachada, sea tal vez el elemento más característico.

Semejante a un panteón, la pequeña capilla tan solo recibe luz a través de dos ventanas semicirculares ubicadas a ambos lados de la nave. Su acceso se halla flanqueado por dos robustas columnas toscanas que sustentan un arquitrabe, una cornisa de ladrillo y un frontón adornado con relieves estucados que representan unas alas desplegadas.

El Cementerio Viejo de Terrassa estaba situado junto al actual Parque de Vallparadís y surgió como un camposanto militar para acoger a las víctimas de la época de la Guerra de la Independencia. Entre 1809 y 1810 se extendió su uso como cementerio civil ante la avalancha de muertes debida a una epidemia de tifus, y  en 1834 se decidió construir un cementerio municipal junto a ese emplazamiento. Un año después 1835 el camposanto acoge el primer entierro y en 1841 se construye el primer panteón, el de la familia Maurí. En 1926, tras quedar saturado, se proyectó el actual camposanto, que se inauguró en 1932. A él se trasladaron algunas tumbas y mausoleos, como el panteón de la familia Alegre de Sagrera, en forma de templo clásico, con columnas y frontón. En 1964 fue derribado definitivamente y hoy solo queda como recuerdo de esa época la capilla y el monumento citado anteriormente.

José Luis Montoya / ARQUITERRASSA

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