Iglesia evangélica, sobriedad protestante


iglesialm1El barrio de Can Tusell, al nordeste de la ciudad, acoge a la Iglesia Evangélica de Terrassa, un edificio inaugurado con gran boato en 2010 (con asistencia incluida del expresidente de los Estados Unidos Jimmy Carter) que llama la atención por su concepción formal cúbica y metálica. Encargado en 2008 al gabinete OAB (Office of Acchitecture in Barcelona), el proyecto es obra de los arquitectos Carlos Ferrater y Lucía Ferrater, quienes a su vez contaron con la colaboración de Emiliano Scotti para su ejecución.

El edificio ocupa la tercera parte de un solar de la avenida Béjar y dispone de 2.500 metros cuadrados destinados a usos religiosos y sociales. Y es que un convenio con el Ayuntamiento de Terrassa obliga al templo a disponer de un programa de a actividades sociales. El proyecto concebido por OAB  parece fluir en torno a un gran elemento central de forma cúbica que da cabida a la sala de culto o auditorio. Las formas geométricas rentangulares predominan en el conjunto diseñado por el estudio de arquitectos barcelonés, que dispuso en su proyecto una especie de gran basamento rectangular que va disminuyendo su altura a medida que avanza por el terreno, adaptándose a su  inclinación, y sobre el que reposa el cubo central.

Recubierto con aluminio reciclado prensado e inyectado que le otorga un tono brillante, el gran cubo destaca como elemento principal de la composición arquitectónica. El otro cuerpo, igualmente revestido con placas de aspecto metálico, tiene una menor altura y se extiende en forma de voladizo, suspendido a partir de la estructura central. Cuenta con una segunda piel formada a partir de planchas de aluminio ondulado y perforado que actúan de celosía para otorgar privacidad a un espacio en el que se distribuyen las distintas dependencias del edificio, entre ellas una guardería infantil.

La valla laminada que circunda el perímetro del complejo religioso juega también un papel importante en el frío diseño, acentuando el concepto metálico y geométrico que establece estrictas líneas rectas. La fachada de la avenida Béjar se muestra como más impenetrable, mientras que las fachadas laterales juegan con el vidrio y la vegetación para permitir la entrada de luz y la ventilación del edificio, sin perder por ello cuotas de intimidad y seguridad.

La guardería cuenta con un acceso propio, por lo que dispone de cierta autonomía, aun formando parte del bloque central. Todo el edificio es de planta baja, aunque el cubo dispone de un altillo suspendido sobre su planta.  Un espacio destinado a la recepción es lo primero que hallamos tras cruzar el umbral de la puerta de acceso. Aquí se inicia la distribución de espacios, por un lado hacia la zona de administración, y por el otro se tiene acceso a doce aulas dispuestas a lo largo de un pasillo. En frente, tenemos la sala de culto. Dicha sala se orienta perpendicular al eje de acceso, de manera que gracias a un sistema de tabiques móviles se establece una relación directa con los espacios contiguos, que a su vez se relacionan con el exterior a través de unos patios que aportan luz al interior.

Todo en este proyecto busca la funcionalidad, tal como parece desprenderse del concepto austero y racional que nos transmite el diseño exterior, adaptado al terreno. Para ese diseño, la premisa que los arquitectos reconocen haber seguido obedece al “deseo de ser un edificio discreto y contenido desde la distancia corta pero al mismo tiempo una pieza referente del culto evangélico desde la distancia más lejana”.

José Luis Montoya / ARQUITERRASSA

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