Transporte público egarense: Mal servicio y horarios que ni siquiera llegan a ser orientativos


casi1Caer por pobreza o ceguera funcional, como es mi triste caso, en las garras del transporte público de Terrassa, es una desgracia tan grande, que pienso que los usuarios nos hemos ganado con creces, el cielo.

Quizás sea por eso que hablo tanto de este servicio del que todavía desconozco por qué no se convoca a una licitación para medir capacidades entre diferentes empresas que puedan mejorar su gestión.

Los atrasos son tan normales que poco llaman la atención… como tampoco que las unidades pasen antes de su hora. Tampoco es un secreto que pese a la llegada de nuevas unidades, siguen circulando unos cacharros que tiran y aflojan con rudeza, que cuentan con una amortiguación que sería más cómodo viajar en burro, que tienen unos motores de terror y un funcionamiento interno, de pánico.

También, menos mal que son las excepciones que confirman la regla del buen trato a los usuarios, existen conductores que parece que tuvieran unas permanentes necesidades de evacuar y van acelerando y frenando de tal manera que si fueran aviadores comerciales, el pasaje quedaría convencido que lo son de cazabombarderos. Para esta minoría, no existen ni luces rojas, ni pasos peatonales, poco los stop y menos los “ceda”.

Y volviendo al tema de los horarios, hablaré de ellos poniendo casos personales.

Hace dos días, esperé doce minutos que pasara después de su hora una unidad y cuando llegó, no era la anterior atrasada , sino la siguiente, que venía adelantada. A principios de mes, cogí el autobús que pasaba 40 minutos antes  de la convocatoria para llegar con diez minutos de adelanto al acto de dimisión de Ballart, pero llegué 15 minutos tarde. Esta tarde, mientras me acercaba a la parada para ir a ver el acto del encendido de luces navideñas y la inauguración del pesebre, el autobús pasó con 4 minutos de adelanto y pese a que corrí en la medida que mis huesos me acompañan, para cogerlo,  y que el conductor me estaba viendo, cuando estaba a unos diez metros del autobús, cerró sus puertas y se fue.

En mi abandonado barrio el transporte municipal pasa los sábados cada media hora y…

Así es la vida. Así son y así están las cosas.

Foto archivo Terrassa en la Mira

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