Ayer por la tarde, una de nuestras lectoras nos envió una imagen de su barrio que se explica por sí sola, con un breve mensaje, que no por breve deja de ser harto elocuente:

“Vengo llegando del límpido centro para encontrarme con que mi barrio si no es de tercera es porque está más cerca del centro que muchos otros, pero la categoría de segunda, a la vista de nuestros peculiares políticos, no se la quita nadie”.

Y es que esta Terrassa de izquierdas, progre, buena en todo, mala en nada en opinión de la clase política que lleva sus riendas, tiene categorías que no solamente se dejan ver en los diferentes servicios públicos, sino también en las artes, la intelectualidad, la cultura, factores en los que, por defecto, se homenajea al “círculo de amigos” del centro mientras a los barrios se les relega al nivel del sonriente reconocimiento paternalista. No es que unos no se lo merezcan, sino que los otros merecen lo mismo.

Anuncios