casi1Este viernes, nada más comenzar en Terrassa la cabalgata principal, uno de los caballos de la comitiva del Rey Melchor, se desplomó y murió súbitamente. Fue todo así de triste, rápido y sencillo.

Sin embargo, emergen entre la simpleza del incidente, las voces temblorosas de la hipócrita indignación, del fingido dolor, del oportunismo mentiroso, para mezclar algo tan natural como es la muerte, con otros hechos que también causan por ignorancia, omisión, sadismo o idiotez, el mal en el reino animal, y magnificando la muerte del caballo en nuestra localidad, minimizan por comparación otros hechos que son sin duda repugnantes.

El caballo de la cabalgata murió, posiblemente porque le tocaba la hora. Sin atisbo probablemente de malos tratos ni de presiones, ni de súbitos sustos como quieren hacer creer grupos minoritarios a través de la estridencia de unos gritos que les multiplican.

Murió el pobre equino, como muere el perro, o como lo hace el gato o, por qué no, como el abuelo, la tía, el hermano, la prima cuando les toca.

Moriré yo, el día de mañana -un mañana que espero sea tarde- a lo mejor de un ataque al corazón o una embolia, a lo peor de un cáncer, o víctima de uno de esos desalmados que detrás del volante justifican sus desmanes con una casual distracción. Y nadie dirá nada,  simplemente, porque era mi momento.

Pero ha muerto un pobre animal y sin saber aún la causa, ya la atribuyen al maltrato, a la brutalidad e incluso, algunos de estos fariseos de turno aseveran que ha muerto de miedo, rodeado de tanta gente.

Antes, les digo, puede morir de miedo un ser humano, ante tanto tonto junto, que ese noble bruto al que la Parca alcanzó en el centro de Terrassa.

Ha llegado a tal extremo la histeria de algunos , que uno o una de ellos, probablemente con sesera limitada, ha citado en las redes a la carroza de las Drag Queens de Vallecas símbolo del no superado complejo hispano del destape o de igualdad según se mire, que no hacen daño a los niños y ha calificado de traumatizante, horrible y repelente para nuestros pequeños , el que muera en la calle un ser mortal.

Así es la vida. Así son y así están las cosas.

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