lm1La Casa Lluís Salvans i Armengol forma parte del conjunto de propiedades que actualmente gestiona el Consorcio Sociosanitario de Terrassa. Acoge a la sede de la Fundación Vallparadís, que coordina diversas residencias para la tercera edad. Sin embargo, su pasado tiene poco que ver con los servicios sociales pues se relaciona con la ostentosa vida de las opulentas familias burguesas que se desarrollaron al albur de la industria textil terrassense. Protegida como elemento integrante del Inventario del Patrimonio Arquitectónico de Cataluña, este edificio residencial se inscribe dentro de la corriente del novecentismo.Se construyó en 1904 por encargo de Lluís Salvans i Armengol según el proyecto que concibió el arquitecto Antoni Pascual i Carretero. Pero éste último no fue el único que dejó su impronta en la residencia, ya que en 1915 y a instancias de Joan Salvans, hijo del anterior, se acometió una reforma a cargo de Lluís Muncunill.

La fachada de la Casa Lluís Salvans es de composición simétrica y muestra un planteamiento sencillo en el que destaca el uso del hierro forjado para barandas y rejas, y del arco de carpanel en las oberturas. La vivienda, situada entre medianeras, consta de planta baja y dos pisos. Siguiendo el aludido esquema simétrico, la puerta de acceso a la finca se sitúa en el centro de la fachada, flanqueada por dos grandes ventanas. Las tres oberturas aparecen rematadas por arcos de carpanel moldurados que, en el caso de  las dos ventanas, parecen nacer del zócalo. En la puerta, de madera, destacan dos grandes aldabones de hierro, mientras que en las aberturas laterales el elemento central son dos elaboradas rejas de hierro forjado de inspiración modernista.

Separa la planta baja del primer piso una línea de imposta moldurada que resalta el perfil voladizo del balcón, elemento que atraviesa toda la fachada y cobra la mayor parte del protagonismo de la fachada. Una gran baranda de hierro forjado sin aristas aporta liviandad al conjunto. El acceso al balcón se realiza a través de tres aberturas que siguen el mismo esquema que las de la planta inferior, aunque más estrechas.

Finalmente, el piso superior se abre al exterior mediante cinco ventanas con balaustrada que simulan una galería, todas ellas rematadas también con arcos de carpanel. Sobre ellas, otra línea de imposta separa la cornisa y cinco respiraderos ovalados alineados con cada una de las ventanas. Una baranda balaustrada remata el conjunto.

El edificio se construyó con ladrillo y la fachada está estucada de color blanco roto. Para los elementos decorativos (zócalo y molduras) de la planta baja se optó por el color gris.

JOSÉ LUIS MONTOYA / ARQUITERRASSA

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