casi1Cuando era niño, cualquier viejo te podía decir con una certeza rayana en un milagro, el tiempo que haría en las próximas horas. Por ejemplo, si a mi abuela le dolía la muñeca, fracturada por los 50, seguro que llovía. Si don Genaro, se chupaba el dedo y lo alzaba a la altura de su coronilla, sabia con  absoluta seguridad hasta la hora en que comenzaría a nevar.

Es más, si te ibas al campo, los viejos no solamente sabían la hora exacta mirando al sol, sino además el estado del tiempo en la próxima semana, observando la brisa y el movimiento de las nubes.

Pero hoy, unos señoritos y señoritas con varios años de estudios universitarios y que cuentan con el inestimable apoyo de costosísimos satélites, yerran en sus predicciones meteorológicas, que es una vergUenza.

Estos llamados meteorólogos, son como los economistas o los astrólogos, cartománticos y quirománticos que pierden más el tiempo en explicar sus clamorosos errores que en sus predicciones. Al menos, hay que decirlo en su descargo, a diferencia de los políticos, estos profesionales, no mienten, sino que simplemente se equivocan.

Todo esto viene al caso porque hoy me quedé esperando como un pardillo que nevara en Terrassa. Quizá lo haga más tarde, pero ya será una casualidad.

Así es la vida. Así son y así están las cosas.

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