La Magdalena, monumentalismo textil


lm1Ubicada en la plaza que la ciudad dedica al escritor Baltasar Ragon, la antigua fábrica de hilaturas La Magdalena destaca por sus formas rotundas. Fue construida a mediados del siglo XX siguiendo un estilo que recuerda al racionalismo alemán, aunque otros lo tildan de monumentalismo academicista, utilizando el ladrillo visto como forma de expresión, siguiendo el estilo de las fábricas que florecieron a finales del siglo XIX y principios del XX. Sus dimensiones son considerables; la gran nave industrial ocupa una manzana comprendida delimitada por las calles de Faraday, Watt y Galvani, y por la Plaza de Baltasar Ragon, tocando a la carretera de Martorell.

Una de las cosas que llaman la atención de La Magdalena es el contraste entre sus dos puertas de acceso. Mientras que la que se sitúa en su fachada principal (la que da a la Plaza Baltasar Ragon) cuenta con una reforma que actualizó su aspecto con cristal para acoger al concesionario automovilístico que tiene su sede en la antigua fábrica, la de la fachada lateral (calle Faraday) conserva su aspecto original con su escalinata y el rótulo original de la fábrica construido con letras en relieve. El añadido moderno desvía un poco la atención del diseño original, de forma que, al girar la esquina experimentamos una especie de traslado a otra época, acentuado por cierto grado de deterioro en la conservación derivado de la presencia de pintadas de supuestos artistas callejeros.

En cualquier caso, la esencia de lo que fue este edificio se mantiene en su totalidad si nos abstraemos del añadido posterior. El edificio se proyectó en un principio como fábrica de hilados, bajo el patrocinio del industrial Joan Mach i Brasa (de ahí que también se conociera como Cal Mach). El proyecto se encargó en 1941 a  Ignasi Escudé i Gibert, arquitecto muy influenciado por su estancia en Alemania, donde se embebió de las propuestas racionalistas desarrolladas entre 1934 y 1941. Y es por ese motivo que La Magdalena posee esa estética tan propia de la arquitectura de postguerra.

Escudé concibió una gran nave rectangular de dos plantas de altura, a la que se añadió posteriormente una tercera. Se construyó en obra vista, con vocación funcional, aunque con alguna concesión a los planteamientos estéticos a través del uso del ladrillo, como por ejemplo ocurre en el estero de la fachada principal. Tal vez dentro de esa concesión estética, el arquitecto se permitió la licencia de incluir un detalle ornamental escultórico, que hoy en día es su emblema. Se trata del relieve que hallamos en su fachada principal, obra del escultor Carles Armiño, y que representa una alegoría sobre la industria textil lanera. Asimismo, la escalera principal que hallamos en el interior del edificio fue decorada con mosaicos del reconocido artista Santiago Padrós.

Las líneas rectas marcan el diseño racionalista de Escudé, con ventanas rectangulares que acentúan las líneas verticales y que aparecen enmarcadas mediante un entramado de molduras de ladrillo y pilastras intermedias.  Se trata de uno de los mejores ejemplos locales de la arquitectura industrial de posguerra junto a la aludida Electra, y precisamente por ello forma parte del Inventari del Patrimoni Arquitectònic de Catalunya y, por lo tanto, se halla protegido.

JOSÉ LUIS MONTOYA / ARQUITERRASSA

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