Casa Bonaventura Baltà


lm1La calle Sant Antoni nos ofrece una amplia muestra de edificios residenciales de interés arquitectónico, la mayoría catalogados, muchos protegidos. En el número 86 encontramos la Casa Bonaventura Baltà, reconocible por sus balcones redondeados y sus grandes ménsulas decorativas.  Es un edificio ubicado entre medianeras que forma parte del inventario de edificios protegidos por el Ayuntamiento de Terrassa. Su ficha en dicho catálogo es la I-12.

Al igual que ocurre con otros edificios de esa misma calle, hoy en día está dedicado  a usos socio-sanitarios, en su caso dando cabida a la residencia geriátrica Sagrado Corazón. Sin embargo, su origen, también como el de esos otros edificios, tuvo que ver con el florecimiento de la burguesía terrassense. Su construcción fue encargada en 1902 por el empresario Bonaventura Baltà al arquitecto Lluís Muncunill. Éste concibió una residencia adaptada al solar de planta rectangular elegido por el promotor del proyecto y  articulada en torno una planta baja y dos pisos.

La fachada sigue un esquema simétrico, donde las aberturas y el trabajo de rejas y barandillas cobran todo el protagonismo. El trabajo del insigne arquitecto se inscribe dentro del modernismo, aunque con toques eclécticos que denotan una evolución hacia otros esquemas conceptuales.

En la planta baja hallamos la puerta de acceso al edificio y una ventana de características similares, ambas decoradas con molduras que acentúan sus jambas y dinteles. En ellas destacan las elaboradas rejas de reminiscencias centroeuropeas, con algún detalle en dorado, que cumplen su doble misión ornamental y de seguridad. Resulta interesante el trabajo decorativo realizado en los arcos de ambas aberturas, aparentemente de estilo carpanel, al que se han añadido ondulaciones y un pequeño detalle floral en ambos extremos.

Sobre ambas aberturas hallamos sendas ménsulas decorativas de gran tamaño, adornadas con motivos vegetales, que sustentan el gran balcón del piso superior, que va de lado a lado de la fachada y al que se accede por otras dos aberturas alineadas con las de la planta baja. De él destaca la baranda de hierro forjado, de formas sinuosas que sobresalen del voladizo en su parte inferior.  Las dos puertas que dan acceso al balcón siguen el mismo esquema que las de la planta baja, con arcos similares y cerradas con persianas mallorquinas de madera abatibles. Sobre ellas volvemos a ver otras dos grandes ménsulas decoradas con flores, aparentemente un girasol en una de ellas y un rosal en la otra.

Finalmente, en el piso superior cada abertura cuenta con su propio balcón, de idénticas características al del primer piso, pero de dimensiones más reducidas. El edificio culmina rematado por una cornisa moldurada y alero en la que hallamos cuatro ménsulas decoradas también con motivos florales, entre las que se ubican cuatro respiraderos disimulados también mediante ornamentación vegetal.

En cuanto al acabado de la fachada, construida con ladrillos, Muncunill optó por un revoco que simula sillares.

JOSÉ LUIS MONTOYA / ARQUITERRASSA

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