casi1Normalmente se suele culpar, sin atenuantes, a la administración local del mal estado de las cosas, de la dejación, de los huecos, del pésimo transporte público, de la basura y de muchos otros aspectos que forman parte de las tareas básicas municipales, glorificadas en nuestra localidad por el ridículo slogan “Terrassa barrios en marcha”. Sin embargo, la culpa de las desgracias de una ciudad -cualquier ciudad- no es totalmente de sus políticos que suelen no estar familiarizados con los temas que les ocupan ni siquiera con los que no, porque también, generalmente mimetizados entre las sombras de la noche o lo que es aún peor en el silencio cómplice de su entorno, hay vándalos que han hecho de la destrucción de la decencia su “faceta modus vivendi”.

Por eso nos hemos acostumbrado a esos escombros que vemos por doquier, la mierda de perros que tapiza aceras, caminos, sendas, veredas o cualquier sitio que pise el pie humano. los bancos rotos, los asientos de autobuses apuñalados, sus paradas destrozadas, etc.etc..

Un pequeño pero no por eso menos importante ejemplo de lo que ocurre con pasmosa asiduidad, es esa papelera que aparece en una imagen nocturna. Un día la instalaron y mucho tiempo después desde que un imbácil se percató que con una patada hacía una ‘travesura’ cada mañana llega algún empleado encargado de hacerlo, la arregla y la pone en su sitio y cada noche, pasa el susodicho imbécil y la papelera vuelve a besar tierra. Y ese ir y venir del cielo al suelo y del suelo al cielo se ha convertido en una historia de nunca acabar. Como muchos otros problemas urbanos.

Así es la vida. Así son y así están las cosas.

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