Una vez más, Inés Arrimadas, la líder de Ciutadans en Catalunya, ha dado una verdadera clase magistral al dogmatismo separatista, en la misma jornada en que el Parlament se reunió para escoger a Jordi Turull como presidente de la Generalitat, en medio de este verdadero circo de payasos en que ha convertido el rupturismo, a una comunidad aparentemente tan seria como lo es la catalana.

En esta jornada, paralelamente, el otro circo, el belga con el que Puigdemont avergüenza a Catalunya ante el mundo, acoge en no se sabe qué nación europea, a otra prófuga, la Marta Rovira que alborotando primero el avispero de los intereses de la burguesía local, huye ahora, probablemente atemorizada por las consecuencias de sus presuntos actos en contra de la democracia.

Mucha gente se pregunta todavía por qué crece Ciutadans, frente a la congelación de un PSOE/PSC ambiguo, sin ideas ni ideología, de un Podemos que retrocede víctima de sus propios disparates o de un PP, atrincherado en sus desaciertos más descarados. Parte de la respuesta está en la claridad de las palabras de Arrimadas.

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