Hipopótamos cuaternarios


lm1Muchos terrassenses se preguntan aún qué pintan dos ejemplares de hipopótamo en el Parque de Vallparadís. Y es que muchos ignoran que entre el año 2005 y el 2007 se acometió allí una importante excavación arqueológica que reveló que los antecesores prehistóricos de los actuales hipopótamos convivieron allí junto a otras especies animales. Las dos esculturas que desde entonces hacen las delicias de infinidad de niños son, en realidad, un recuerdo a ese hallazgo encargado por el Museu de Terrassa al escultor Ramon López.

Pero conviene que hagamos un poco de memoria sobre esta curiosidad histórica: Corría el año 2005 cuando la Generalitat de Catalunya estaba llevando a cabo un importante proyecto para la ciudad, como fue la prolongación de la línea de ferrocarril autonómica que une Barcelona con Terrassa, dotando así a la ciudad de tres nuevas estaciones conectadas bajo tierra como si fuera una pequeña línea de metro. Al excavar la que debía construirse en Vallparadís, para favorecer la movilidad de los miles de estudiantes de la universidad, apareció un importante yacimiento arqueológico que los expertos situaron a finales del Pleistoceno. Las excavaciones comenzaron inmediatamente para no retrasar el proyecto ferroviario bajo la dirección de Joan García y Kenneth Martínez, con investigadores del Institut Català de Paleoecologia Humana i Evolució Social (IPHES) y de la Universidad Rovira i Virgili de Tarragona. Se prolongaron hasta 2007 y el resultado no solo fue la constatación de un hecho que se sabía -la existencia de asentamientos humanos en la Prehistoria junto al torrente de Vallparadís- sino también el hallazgo de uno de los yacimientos prehistóricos más antiguos y ricos de Europa, comparable al de Atapuerca. Tal como publicaron los medios de comunicación en su momento, tan solo 4 meses después de iniciados los trabajos se habían hallado unos 11.000 registros, de los que alrededor de 8.000 eran herramientas de piedra y 3.000, fósiles animales.

Entre los fósiles animales, se pudo constatar que en el Cuaternario convivieron en lo que hoy es el Parc de Vallparadís especies como bisontes, rinocerontes, mamuts, ciervos e incluso hipopótamos.

Tras la campaña arqueológica, para rememorar en el futuro este importante hallazgo, se encargó al estudio Quagga, especializado en recrear todo tipo de animales prehistóricos, una reconstrucción del yacimiento. Su fundador, el biólogo y escultor barcelonés Ramon López ha explicado a ARQUITERRASSA que para esa labor se buscó el asesoramiento del Institut Català de Paleontologia, cuyos investigadores proporcionaron la idea del proyecto, así como las medidas del cráneo de los hipopótamos para el prototipo. Ramon López matiza que la especie que los visitantes podemos ver representada en dos esculturas hiperrealistas corresponde al extinto hippopotamus Gorgops, que se diferenciaba de su pariente actual en que “su morro era más alargado y sus ojos más periscópicos”. De acuerdo con la información que podemos hallar en Internet, el Hippopotamus Gorgops poseía órbitas de extrusión por encima de su cráneo, lo que le permitía ver su entorno con mayor ángulo, mientras que su visivilidad bajo el agua era prácticamente total. Asimismo, era una criatura mucho más grande que el hipopótamo actual, alcanzando algo más de 4 metros de largo.

Para la recreación llevada a cabo en Vallparadís, se optó por crear una pareja de esta especie. El macho lo hallamos semi-sumergido en el torrente, con las fauces abiertas, y la hembra camina junto al lecho del arroyo y es hoy la gran protagonista de las fotos familiares en el parque.

El proceso creativo seguido por Ramon López y su equipo para construir las dos bestias parte de un primer boceto  elaborado en plastelina en el que se da forma y proporción a cada escultura. A él sigue un molde de silicona que copia la textura y que permite elaborar la pieza final, creada a partir de resina de poliéster. Una estructura metálica interna permite anclar las patas de los animales a una base de cemento.

Los dos hipopótamos del cuaternario se elaboraron a tamaño real, siguiendo las instrucciones del Instituto Paleontológico. La hembra mide 1,60 metros de alto y tiene unos 3 metros de largo, y el macho (en el agua), 1,40 por 2 metros. Cada escultura pesa aproximadamente unos 175 kilos y el equipo del artista y biólogo barcelonés empleo algo más de mes y medio en su elaboración.

Para conferir realismo a su mirada, los ojos de ambos animales se elaboraron en vidrio. La piel se simula con pintura bicapa de automóvil, resistente a la intemperie, que se consolidó con barniz.

JOSÉ LUIS MONTOYA / ARQUITERRASSA

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