Biblioteca Central, espacio emblemático


lm1Aunque un tanto olvidada por algunos, la Biblioteca Central de Terrassa supuso en su momento un punto de inflexión urbanístico para la zona en que se construyó. Transformó un espacio ocupado por el antiguo Vapor Torredemer en el que se habilitó un edificio con vocación de emblema que se completó con un plan urbanístico que culminó con la creación del pequeño Passeig de les Lletres (nombre que recibe en honor a la biblioteca). Ese edificio, hoy solo valorado por quienes miramos la arquitectura urbana como algo que engrandece nuestra ciudad, fue en su momento merecedor de un premio de prestigio que avala sus méritos arquitectónicos.

A finales de los 90, el Ayuntamiento de Terrassa encargó al arquitecto valenciano Josep Llinàs un proyecto para crear una gran biblioteca de referencia para la ciudad, unificando los dos archivos que ya existían en el distrito (la Biblioteca Soler i Palet y la Biblioteca Salvador Cardús). Llinàs presentó su boceto en 1997 y la Biblioteca Central de Terrassa abrió sus puertas el 10 de mayo de 1998 con una gran fiesta popular.

El proyecto concebido por el arquitecto castellonense perseguía entre uno de sus objetivos mantener el aire industrial heredado de la antigua fábrica Torredemer y del conjunto de la ciudad; de ahí el uso de materiales como el ladrillo visto y su estructura en forma de gran nave. Pero el trabajo de Llinàs también buscaba generar espacios de tranquilidad y serenidad que propiciaran las actividades propias de una biblioteca, así como un aprovechamiento de la luz natural tan necesaria para este tipo de equipamiento.

Así, se introdujo una cuarta calle peatonal en el límite Norte del solar que acoge a la biblioteca, dando lugar a un espacio tranquilo y silencioso respecto al tráfico perimetral en el principal acceso al edificio. También se creó en la cota -1 un espacio libre a modo de patio inglés que aporta luminosidad y tranquilidad a la zona destinada a biblioteca infantil. El edificio tiene una superficie útil de 3.425 metros cuadrados, distruibuidos en tres plantas y se concibió de forma que pudiera obtener luz desde la zona Norte. Su fachada principal se abre al nuevo Passeig de les Lletres (ubicado en lo que era la calle Sant Llorenç) y en ella destaca el porche abovedado y decorado con letras de distintos alfabetos (latino, griego, árabe), que es su principal signo distintivo. Al amparo del mismo se sitúa el área que se destina a la lectura de diarios y revistas.

La planta baja o planta de acceso acoge es un amplio espacio abierto que acoge el área de  información y consulta de los fondos bibliotecarios. Reserva pequeños espacios para la formación y almacén logístico. La impresionante cubierta curvada se ha resuelto de forma que una de sus vertientes finaliza por debajo de la otra, aprovechando el espacio intermedio para la ubicación de ventanales que permiten la entrada de luz. Esos ventanales se refuerzan por otros ubicados en los laterales de dichas cubiertas, haciendo que la iluminación natural provenga desde lo alto. La altura de esos techos, sustentados por grandes columnas de hormigón, contribuye a dar la amplitud necesaria al espacio para descongestionar el habitual colapso que genera la presencia de estanterías abarrotadas de libros en una biblioteca.

La planta principal o de acceso da paso a una planta sótano que, no obstante, recibe luz natural gracias al patio excavado en el solar. Dicha planta da cabida a la zona dedicada a los fondos infantiles y también a las dependencias propias de la biblioteca, como son el despacho de dirección, una sala de reuniones, espacios de trabajo interno y aparcamiento.

El resultado final valió a Josep Llinàs el premio Manuel de la Dehesa, de la V Bienal de Arquitectura, otorgado en el año 1999 y con el que se reconoce la calidad arquitectónica y la economía de medios en construcciones públicas. Josep Llinàs ha obtenido tres veces el prestigioso Premio FAD (1977 en la categoría de interiorismo, en 1996 por la restauración del Teatro Metropol de Tarragona y en 2006 por la realización de la Biblioteca Jaume Fuster de Barcelona. Asimismo en 1995 fue galardonado con el Premio Ciudad de Barcelona de arquitectura y el 2006 con el Premio Nacional de Arquitectura y Espacio Público concedido por la Generalitat de Catalunya por la realización de la Biblioteca Jaume Fuster.

JOSÉ LUIS MONTOYA / ARQUITERRASSA

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