casiLa tarde de este miércoles, el conductor de un autobús de la L-10 que había salido de Les Fonts con destino a la Estación del Nord a las 14,52, se despistó y no se detuvo en la parada de América que había solicitado una señora de origen magrebí y cuando la dama, de buenas maneras le dijo que ella había tocado el timbre, la respuesta del hombre, individuo mayor y grueso, sorprendió al resto de pasajeros por el tono, el volumen y lo poco cortés “¡No me vengas con tonterías!”. Se detuvo a pocos metros de la esquina de la calle Francia con la América y gritó “¡Bájate!”

Esto, ciertamente, es una excepción que confirma la buena educación del resto de conductores y especialmente conductoras, del transporte municipal terrassense, pero que lamentablemente se une a otras anécdotas. Por ejemplo, hace pocos días, en la L-4, un conductor detuvo la unidad y se encaró en el pasillo a un usuario que había tocado el timbre y por defectos, seguramente, de mantenimiento, no había sonado. El vehículo era de los nuevos que comienzan a adolecer de este defecto. Lo menos gracioso era que mientras el chófer discutía con el hombre, otros coches esperaban detrás, haciendo sonar sus bocinas, a que el autobús continuara su trayecto, una vez, claro está, que el conductor regresara a su sitio y dejara el usuario entre dos paradas..

Hará cosa de un par de semanas, una dama de aspecto latinoamericano, intentó infructuosamente que sonara el timbre de una de estas joyas recién adquiridas, para bajarse en Gualdalhorce, pero como no tuvo la suerte que funcionara, el conductor, que naturalmente la culpó a ella por no saber tocar el timbre, la dejó en Xúquer.

Cierto que estos son pequeños detalles pero ponen -y mucho- en duda unas encuestas que hacen felices a personalidades que solamente se suben a un autobús en actos inaugurales.

Mientras se sigan engañando a sí mismos, será difícil que las cosas vayan a mejor.

Así es la vida. Así son y así están las cosas.

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