El incivismo viario, otro grave problema en Terrassa


casiUsualmente, al abordar el tema del incivismo en la ciudad, nos abocamos a aquellos engendros una cuarta parte humanos y tres cuartas cerdos sin escrúpulos, que mantienen una ciudad tradicionalmente sucia, aún más sucia, siendo los alrededores de los contenedores, sus lugares preferidos para volcar sus desperdicios.

Sin embargo, hay otro problema tanto o más grave, como es el del irrespeto a las más mínimas normas, no del tráfico, sino de urbanidad de la que adolecen muchos individuos que se sienten poderosos por ir detrás de un volante, ya sea de vehículos de motor de dos o cuatro ruedas o de bicicletas. E incluso, llegan a sentirse dueños del mundo y del más allá, por ser propietarios de un coche.

Los semáforos -por cierto hay unos pocos conductores de autobuses que deberían descartar el daltonismo- parecen ser para algunos automovilistas o motoristas,parte de la ornamentación luminosa de la ciudad y los pasos peatonales erróneas figuras cuadriculadas de Picasso, porque a sus señales… ¡Ni puto caso!

Y es que uno no se libra de estos enorgúmenos ni del peligro, tanto en la calzada por muy meticulosas que sean las previsiones y los lugares de circulación, como en las aceras, cuando nuestro pintoresco ayuntamiento no las ha cedido a los bares que por pagar parece que tienen más derechos sobre esos espacios que los peatones.

Y no hablemos de los ciclistas. Si te descuidas te pueden hacer mucho daño, porque los hay que utilizan justamente las aceras como vías normales de circulación. Recuerdo que un día, hace muchos años, una chica me arrolló con su bicicleta por la acera de la calle de La Rasa y aparte de tirarme al suelo  me prodigó tales insultos que desdijo su aspecto exterior de fina y elegante dama del centro para convertirse en lo que realmente era, o sea lo que se conoce como “barriobajera” para no llamarla verdulera con lo que insultaría por proyección a muchas dignas damas del oficio.

Este domingo por citar otro ejemplo, paseaba a mi perro por las veredas de un parque cercano, cuando tres ciclistas que las utilizaban como pista de alta velocidad, estuvieron a punto de atropellarnos. ¡Y no es la primera vez, pese a que está prohibida su circulación en ese área!

Tampoco es extraño encontrar coches aparcados en sitios diseñados exclusivamente para el uso de viandantes. ¿Extraño digo? Si es de lo más normal, incluso muchas veces, con el beneplácito de “la autoridá”.

Así es la vida. Así son y así están las cosas.

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