La cercanía de la verbena de San Juan ha comenzado, aunque no lo expresen cristianamente, a precupar a perros, gatos y demás mascotas de la ciudad, sobre todo ahora, que crecen como hongos los puntos de venta de fuegos artificiales.

Es tradición, no sabemos a cuenta de qué, como no sea mantener viva la industria del fuego y los estruendos, que en estas fechas señaladas, la alegre ciudadanía exprese su jolgorio quemando pólvora y haciendo mucho más ruido que el que permiten las ordenanzas municipales, sin que nadie haga nada.

Es también tradición que muchos animalitos mueran de ansiedad y muchos humanos, todos pertenecientes asimismo al reino animal, tengan que llegar por imprudencia a los centros de salud para curarse las quemaduras. (El día que el sistema sanitario les cobre por estos servicios que se pueden evitarse, quizás se reduzca el número de lesionados).

Desde luego que hay otras formas de divertirse, aunque es de las autoridades la responsabilidad de cambiar la historia, aunque de momento parece que no están por la labor.

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