casiHace poco el ayuntamiento del centro que se hace llamar de Terrassa seguramente por “imperativo legal”, dice que emprendió una cruzada contra el incivismo que mantiene a la nuestra como una ciudad de aspecto sucio. A decir verdad, al menos en mi barrio esta campaña se ha quedado en agua de borrajas como suele suceder cuando las intenciones no se acompañan con las necesarias acciones.

Sin embargo, este incivismo de gente que aparentemente vive en piaras de guarros, no es el único del que adolecemos, ya que el que caracteriza a una cantidad asombrosa de conductores, es amén de muy numeroso, más peligroso.

Estos energúmenos que se sienten importantes detrás de un volante, suelen, cuando están o no borrachos o peor aún, si acaso drogados, hablar por el móvil, irrespetar los “ceda” o los “pare”, los pasos peatonales, defecarse en los límites de velocidad, estacionarse donde les viene en gana, sin que nada ni nadie pueda idear una fórmula para poner atajo a sus desmanes, al menos mientras los políticos de postín y la justicia nacional sigan al servicio de banqueros y usureros como salvaguardas de sus bienes, dejando que Dios provea para el resto de problemas.

Así es la vida. Así son y así están las cosas.

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