casiResulta inexplicable, increíble y asombroso que una empresa que debió dejar de  gestionar el transporte público hace mucho tiempo, lo siga haciendo recibiendo para ello la confianza de un grupo de políticos que tienen la suerte de no tener que utilizarlo y que asignados en sus cargos por partidos políticos, dicen representar a unos votantes que no votaron a seres humanos, sino a listas para las que para integrarlas  tampoco se hizo previamente un concurso público, como en las grandes empresas públicas o privadas en busca del personal idóneo.

Comienza agosto castigando como cada año, a los usuarios

No generalizaré en las repercusiones que la  merma en los horarios tiene en la vecindad, porque todos, menos los políticos y parece que tampoco los gestores, los conocemos y me limitaré a narrar lo que me ha ocurrido esta mañana…

He esperado un autobús que debía pasar a las 11:30 para llegar a una cita médica que tenía a las 12:20. El anterior había pasado con 12 minutos de retraso y calculé que incluso con un retraso similar, llegaría con tiempo. Pero la unidad de esa hora no pasó. En su lugar y en sentido contrario circuló otra con pasajeros aunque Fuera de Servicio, Bajada la última víctima del servicio, el vehículo se fue a cocheras.

A las 11:58 pasó a su hora el siguiente autobús y fue recogiendo parada tras parada a la pléyade de viajeros que se habían acumulado. Los que esperaban el que no pasó, de mal talante, pero con paciencia y educación y los que esperaban ese, que no conocían el drama más que por los comentarios.

Poco después, en la Av. Santa Eulalia, nos enteramos de que la unidad que había pasado con 12 minutos de retraso, se había averiado y dejado a los pasajeros en una de las paradas. Estos debieron esperar más de una hora y cuarto que pasara el que me llevaba.

Aparte de las extrañas encuestas municipales, la valoración del servicio es horrible

Lo sucedido esta mañana, la primera del mes en que se reduce el paso de autobuses, me ha dado la oportunidad de escuchar una vez más, la verdadera opinión de los usuarios, no la que anualmente publica el ayuntamiento. “Nos tratan como borregos” decía una señora. “El jueves me dio una lipotimia por el calor”, expuso otra. “Ayer llegué tarde al trabajo porque no se abrieron las puertas del coche”, contó una tercera… “Nos quieren contentar con cuatro buses nuevos”, añadió una y un hombre recordó aquellos autobuses de “desguace” que se trajeron de Badalona y que siguen circulando en la L10.

Y de ahí en adelante cada una contó sus desgracias en el transporte público y ya se los digo yo, la casta quedó muy mal parada. No hubo nadie que hablara bien de nuestro excesivamente bien ponderado consistorio -¡Y mira que nos llegamos a juntar un número nada desdeñable!-

Salieron a colación, por ejemplo, los parches conque se tapan huecos en los barrios y lo que se hace en la Rambla. donde cada año se asfalta o reasfalta, sin que se exija a la empresa constructora una garantía de al menos cinco años, porque si bien es cierto que por sobre el pavimiento pasan vehiculos medianamente pesados como los del transporte público, también es cierto que no lo hacen camiones de alto tonelaje que podrían justificar reparaciones periódicas. No reproduzco lo que opinó un señor de mediana edad al respecto, porque aunque todos coincidieron y solo faltaron aplausos de aprobación, no me consta ni siquiera en su fase de presunción.

Perdí la cita.

Naturalmente llegué tarde a la cita y ahora tendré que esperar unos cuantos meses más para que me den otra, salvo que la Sanidad, como me consta, funcione mejor. La funcionaria que me atendió me explicó que debí pedir un justificante al chofer. No se me ocurrió.

El regreso.

Tampoco se me ocurrió pensar que al regreso ocurriría lo que ocurrió.

Al volver a casa, el autobús que llegó a la parada con 10 minutos de retraso, venía tan lleno, que el conductor gritó que no se subiera nadie salvo que bajara alguien. Se apearon  tres personas por delante y no sé cuàntas más por detrás y me subí y el buen hombre me aconsejó que me apretujara en cualquier rincón.

Tuve la esperanza de que se me notara en la cara el padecimiento de mi lumbalgia y ciática y que alguna de esas rozagantes personas que ocupaban los asientos rojos se apiadara de mi dolor. Pero no, lo de ellos, sus habituales ocupantes, siempre es mirar allende las ventanas, oteando el horizonte con su juvenil curiosidad.

Así es la vida. Así son y así están las cosas.

Anuncios