casiEl ilustrísimo ayuntamiento local, en un arranque de osadía revolucionaria (de salón, claro está) que deja miniaturizados ideológicamente a Marx o a Lenin, optó hace un par de años, destinar dos días por temporada, una piscina de la ciudad a aquella ínfima minoría que se siente, por esnobismo o por lo que sea, más cómoda quedándose en pelota pura y dura donde el resto de los mortales disfrutamos igualmente ataviados con un modesto, aburguesado y colorido bañador.

El asunto no es cómo les gusta coger sol a estos peculiares personajes, porque eso es algo muy personal, sino que este año, en los dos días en que se permitió el ‘encueramiento’, el total de asistentes, fue de once personas… dos un día y nueve el otro y la pregunta que me hago es… ¿Cuánto nos cuesta a los ciudadanos el capricho?

Así es la vida. Así son y así están las cosas.

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