Comentarios y cuentos de Ricardo Salvador.- Terrassa, un municipio cercano a Barcelona que con sus aproximadamente 220 mil habitantes es la cuarta ciudad, demográficamente hablando, de la autonomía catalana, se vio inmersa hace pocos años, en la idea fija de municipalizar el servicio de agua potable.

Esta responsabilidad ha recaído desde hace 176 años en la empresa privada Mina Pública de Aguas y los resultados han sido buenos, tanto que más o menos  el 70 por ciento de la población está satisfecha; tanto, que nadie ha alzado su voz para protestarlos; tanto que el propio grupo de políticos que ocupan sus cargos por haber sido incluidos en el proceso electoral, en listas cerradas por sus partidos, ofrecen como bandera de garantía, QUE EL SERVICIO SEGUIRÁ SIENDO IGUAL.

¡Mala cosa!

No ofrecen nada nuevo en la ya preocupante idea de que la administración de un servicio esencial caiga en manos de quienes no saben gestionar adecuadamente servicios tan importantes como el transporte público o el aseo urbano y tan necesarios como el mantenimiento de calles y aceras entre muchos otros.

La idea que dan estos caballeros, que no sustentan su postura en la opinión ciudadana, sino en la de un grupo poco más amplio que ellos, que les aplauden, como coristas manuales, todas sus propuestas, eso sí, con caras serias y adustas, tan adustas, que demuestran una presunta preocupación por el tema. Decía que la idea que dan es que seguir igual es el máximo, haciendo temer por el infinito mínimo que podría interpretarse como un “hasta aquí hemos llegado y tenemos todo un abismo por delante para caer dando explicaciones”.

Hoy he vuelto a retomar el tema, aunque en esta oportunidad lo hago en este, en mi blog personal y con amplia cobertura internacional, porque el que ha sido responsable durante años de Mina, Marià Galí, ha publicado en twitter que “Uno de los objetivos de Mina de Aguas es la apuesta por ofrecer un agua de calidad. Por eso, a lo largo de nuestros 176 años de historia hemos trabajado para obtener sellos y acreditaciones que demuestren esta excelencia en el servicio”.

Suenan estas palabras como un eventual epitafio a la muerte de la excelencia.maria

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