Este fin de semana, el frío polar que afectará a toda la península dentro de la cual transcurre nuestra vida, acompañará al cambio de horario, que nos introducirá, como todos los años, en el de invierno para lo que hará falta que retrasemos el reloj en una hora. De esta forma, cuando las manillas marquen las tres de la madrugada, serán realmente, por obra y gracia de los poco iluminados políticos continentales, las dos, lo que equivaldrá para los trabajadores nocturnos, alargar su jornada en 60 minutos.

Este cambio nos ofrecerá mayor tiempo de luz en las horas tempranas del día y por el contrario, que la noche nos cubra con su negro manto, antes de lo deseable.

Dicen los que tienen la posibilidad de tener audiencia a través de los medios, aunque muchas veces solo sea para rebuznar, que de esta forma, estamos ahorrando energía electrica, aunque todo hace sospechar que en realidad este cambio tradicional, no tiene más fin que el de favorecer los intereses económicos de quienes monopolizan la energía.

Lo cierto es que probablemente este cambio sea de los últimos, porque España, lo mismo que el resto de naciones europeas, tienen un par de años para decidir si nos quedamos con este sistema de doble horario o  con una hora fija todo el año y en este último supuesto, cuál sería el más conveniente para las eléctricas, la salud y el lucimiento de la casta.

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