lm1En las dos entradas publicadas anteriormente sobre la Catedral de Terrassa os he hablado de las reformas más modernas, centrándome más en el aspecto externo del templo. Con este post cierro capítulo en torno a la Seo, describiendo su arquitectura original y primera reforma, y abordando aspectos del interior, tanto arquitectónicos como escultóricos.

Primero un poco de historia: La Catedral sólo lo es desde 2004, a raíz de la creación del obispado de Terrassa. Sus orígenes fueron los de una iglesia dedicada al Santo Espíritu en referencia a un hospital medieval del mismo nombre situado fuera de las murallas de la ciudad. Su creación tuvo mucho que ver con la lejanía de la floreciente villa que se constituyó en torno al Castillo Palacio de Terrassa respecto del templo de referencia, que estaba en lo que hoy se conoce como Seu d’Ègara. Allí la iglesia principal estaba consagrada a San Pedro y, de ahí, que en la Catedral observemos el emblema del santo en varios lugares. Su construcción se inició en 1573 y las obras duraron hasta el 1616, tal y como se relata en el website del Obispado. El 21 de noviembre de 1593 se trasladó el Santísimo Sacramento desde la capilla del hospital a la nueva iglesia y comenzó el culto, y en 1601 pasó a ser ya parroquia de la ciudad. En 1951 recibía el título de basílica menor y el 15 de junio de 2004 fue consagrada como Catedral de la nueva diócesis.

En origen estamos ante un exponente del gótico tardío catalán, aunque en su factura hallaremos elementos neogóticos, modernistas y contemporáneos, habida cuenta de las restauraciones a que ha sido sometida la antigua iglesia. A principios del siglo XX se construyó la Capilla del Santísimo, de estilo modernista, y el atrio neogótico que da acceso al templo. Finalmente, en 1999 se creó el friso de diseño moderno que recubre la Sala Capitular, construida sobre el atrio.

La nave central

Su planta es de cruz latina, aunque en la zona comprendida entre la derecha del brazo menor y el ábside se añadió un espacio que acoge la Capilla del Santísimo. La nave principal tiene una longitud de 49 metros y una anchura de 14,5, siendo su altura de 47 metros. A diferencia de otros templos que buscaban una mayor espectacularidad, en el crucero no se aprecia ninguna construcción (cúpula, por ejemplo).

La nave, pues, muestra solución de continuidad desde el acceso principal hasta el altar mayor y el único ornato que apreciamos son las nervaduras de los arcos góticos y las piedras de clave, decoradas con motivos religiosos: la paloma que simboliza el Espíritu Santo y que da nombre al templo, el emblema de San Pedro con sus llaves cruzadas, la virgen María y el niño Jesús, San José también con el niño Jesús, el buen pastor y el cordero. Por último, hallamos también una clave con el escudo de la ciudad.

El Altar Mayor y el Presbiterio

La vista a través de la bóveda nos lleva irremisiblemente hasta el altar mayor, cuyo ábside aparece decorado con pinturas murales. Según señala el Obispado en su website, estamos ante “uno de los proyectos más importantes de arte religioso hechos después de la Guerra Civil“. Hay que aclarar aquí que la antigua Iglesia del Espirítu Santo sufrió graves desperfectos durante la contienda, pues fue uno de los templos afectados dentro de aquel lamentable episodio de lucha contra la iglesia católica en el que se incendiaron iglesias, anteponiendo el anticlericalismo de un sector de la población a la conservación del patrimonio histórico artístico. Por ello, gran parte del patrimonio escultórico de la actual catedral es muy reciente. Así, el proyecto decorativo del altar mayor data de los años 40 del siglo XX y fue obra del arquitecto Lluís Bonet, el escultor Enric Monjo y el pintor Antoni Vila Arrufat. El retablo actual sustituye al que fue destruido en 1936, pieza barroca elaborada entre 1699 y 1729 y obra de Joan Monpeó.

El ábside ocupa un espacio de 24 metros de altura por 14 metros de ancho, y en el presbiterio contemplamos una elaborada pieza de filigrana que incluye las imágenes de los apóstoles y otros relieves. Destaca en dicho retablo la figura de San Pedro, de grandes dimensiones; así como seis grupos de santos elaborados en piedra policromada (cada figura tiene más de tres metros de altura) y un rosetón de ángeles que rodean la imagen de María, situada bajo el Padre Eterno y rodeada de ángeles, pintados al fresco sobre las paredes superiores.

El altar  es una losa de mármol de 2,75 por 1,50 metros y está cubierto por un baldaquino dedicado al Espíritu Santo, formado por cuatro columnas estriadas con capiteles de representaciones eucarísticas, espigas y uvas. Estas columnas sostienen cuatro grandes figuras doradas que representan los profetas Isaías, Ezequiel y Joel y el Arcángel San Gabriel.

La Capilla del Santísimo

En 1907 se encargó al arquitecto Lluís Muncunill la construcción de la Capilla del Santísimo. Éste, como no podía  ser de otro modo, concibió un espacio de estilo modernista caracterizado por bóvedas y arcos elípticos. En esta capilla hallaremos un altar formado por un baldaquino de mármol que acoge un relieve policromado que representa la Santa Cena, obra del escultor Rafael Solanic. El Sagrario está elaborado en bronce y alabastro y su interior es de plata y esmaltes. Sobre el baldaquino contemplamos pinturas al fresco de Miquel Farré. La nave está decorada con motivos geométricos, según diseño  de Antoni Badrinas, y el muro que da al exterior cuenta con vitrales.

El Cristo Yacente

En la antesala de la Capilla del Santísimo, hallamos la principal obra de arte de la Catedral de Terrassa, el grupo escultórico renacentista del Cristo Yacente. Fue encargado  en el año 1539 al artista Martín Díez de Liatzasolo y constituye una de las esculturas más bellas que existen en Cataluña. Representa la escena del descendimiento de la cruz, cuando el cuerpo de Cristo fue colocado encima del sudario, y lo forman ocho figuras: Jesucristo, las cuatro Marías, San Juan, Nicodemo y José de Arimatea. Cuando tuvo lugar el trágico ataque a la iglesia, en el año 1936, este grupo escultórico, que se situaba en la cripta del templo, fue destruido y mutilado, pero sus pedazos fueron recuperados y protegidos por algunos feligreses hasta que en 1946, según proyecto del decorador Antoni Badrines, fueron restaurados.

Vitrales y Rosetón

La polémica reforma acometida en 1999, en la que se levantó un lienzo de fachada minimalista  y se cubrió la torre del campanario con el mismo tipo de piedra lisa, quedó parcialmente oculto para el exterior el rosetón, un elemento importante del austero concepto original de la fachada del templo. Con él, son once las aberturas góticas acristaladas que adornan la Catedral. Cada uno de los vitrales ubicados en las paredes laterales de la nave principal tiene una dimensiones de 8,70 por 2,70 metros.

Si los observamos empezando por la que se sitúa a la derecha del altar mayor, hallaremos representadas en coloridos cristales las imágenes de San Pablo, San José, San Agustín, la Inmaculada Concepción, San Pedro y San Ramón Nonato. Siguiendo por el lado izquierdo de la nave hallaremos las imágenes de San Juan Bautista, San José Oriol, el Sagrado Corazón de Jesús, San Antonio de Padua y San Francisco Javier. Fueron colocados inicialmente en 1882 y restaurados tras la guerra civil.

Asimismo en el coro apreciamos también otro  rosetón que incluye  la figura del Espíritu Santo y que data también de 1882.

Las Capillas laterales

Al igual que ocurre en otras muchas iglesias, los laterales de la nave central dan cabida a diversas capillas. En el caso de la Catedral de Terrassa hallamos un total de nueve. En el lado izquierdo y comenzando desde el altar mayor encontramos las capillas dedicadas a San José, creada en 1993 por J. Fuente Casals y en la que destaca una talla de Gabriel Alabert; la de la Inmaculada Concepción, de alabastro, que data de 1949 y fue decorada por Bosch y Busquets; y la de la Virgen de los Dolores (la Soledad), obra del escultor Francisco Juventeny que data de 1948. Siguen la capilla de la Virgen del Carmen, Santa Teresa de Jesús y Santa Joaquina de Vedruna, elaborada por los Talleres Salesianos de Barcelona; la de la Virgen del Pilar, Santa Lucía, San Vicente de Paúl y San Miguel, elaborada en mármol y madera en 1954 también por los Salesianos de Barcelona, y la del baptisterio, del año 1940, que cuenta con una gran pila bautismal y un vitral que representa el bautismo de Jesús.

Ya en en lado derecho del templo y siguiendo el orden iniciado hallamos el Santo Cristo, procedente de la antigua Capilla de la cofradía del Santo Cristo, hoy Museo, incendiada en 1978. Es una imagen restaurada en 1988 y el proyecto es de J. Fuente Casals. A continuación vemos la Capilla de la Virgen de Montserrat, de 1947, cuya talla se debe al escultor Esteve Casanovas, y que se complementa por las de San Antonio y San Roque (Talleres Salesianos de Barcelona) y la del rapto de San Ignacio, del escultor Josep M. Campos y Arnau. En el camarín, además, hay pinturas de Joaquim Vancells, Tomás Vivero y Ramon Cortés. el proyecto es de J. Fuente Casals. La siguiente es la dedicada al Sagrado Corazón, creada en 1950 con relieves de alabastro que representan al Buen Pastor y al Hijo Pródigo elaborados también por los Talleres Salesianos de Barcelona. Y finalmente, llegando nuevamente al Altar Mayor, hallamos la capilla que acoge el retablo de la Virgen del Rosario (año 1994), que incluye una imagen barroca del siglo XVIII de Agustí Pujol y pinturas de José Camino Aliart.

El templo ha sido incluido en el Patrimonio Cultural Catalán el 23 de mayo de 2002 y forma parte del Inventario General de Bienes Muebles de la Administración del Estado.

JOSÉ LUIS MONTOYA / ARQUITERRASSA

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