En otra entrada os he hablado de la Torre del Palau, vestigio de la ciudad medieval de Terrassa. Dicha torre, según parece, formaba parte de un recinto amurallado desaparecido que incluía asimismo un pequeño Castillo Palacio, residencia de los gobernantes que estaban a cargo de la ciudad en vasallaje del conde de Barcelona. Dicho castillo fue derruido en 1891 para ampliar la actual Plaça Vella y con él desapareció un importante trozo de historia de la ciudad. Sin embargo, en el Museu de Terrassa se conservan unos pocos elementos arquitectónicos que hablan de su esplendor.

Todo lo relacionado con el período medieval en Terrassa resulta un tanto difuso, y sólo podemos referirnos a los hechos objetivos que nos brindan los documentos recopilados. Según ellos, la existencia del Castell Palau de Terrassa -o su predecesor- podría datarse en torno al año 1091, cuando aparece documentada la denominación de mansione de comite, en alusión a algún tipo de fortaleza sencilla que permitía hospedar al conde de Barcelona durante su visita a la zona, tal y como se explica en el opúsculo dedicado a dicho castillo por el Museu de Terrassa. Otra cosa es la existencia de algún tipo de construcción defensiva, torre o muralla, que podría haber sido construida siglos antes, bajo la dominación carolingia. Así, atendiendo a lo publicado por Antoni Borfo y Pere Roca en el libro ‘Història de Terrassa‘, diversos documentos del período comprendido entre los años 844 y 985 se refieren a la ciudad como castrum (Castrum Terracinensem, Castrum Terracia, Terracium Castellum).

En cualquier caso, se sabe que en 1130 Deusdeit fue nombrado castlà (señor del castillo) de Terrassa por el conde de Barcelona, y que en el siglo XII la familia Sanlà (dueños del Castillo Cartuja de Vallparadís) poseían tierras y personas en el termino Terracium Castellum. Dicho castro formaba parte de lo que se conoce como Marca Hispánica, un territorio defensivo establecido por Carlomagno en la frontera de su imperio para frenar el avance de Al-Andalus. Con la independencia de dicho imperio por parte de los condados catalanes, la fortaleza terrassense quedó en manos del Condado de Barcelona y, durante más de un siglo su castlà fue un integrante de la familia Terrassa (originariamente, los Sanglà, que cambiaron su apellido por el actual nombre de la ciudad). Sus dominios se extendían desde el Llobregat al Ripoll y desde Sant Cugat del Vallès al pla de Bages.

La lista de señores de dicho castillo comprende varios nombres, entre los que figura la familia Cardona, que dirigió sus designios durante décadas; Guillem de Muntanyans, que fue castlà en el siglo XV o Pere de Fizes, comerciante que lo adquirió en 1661. El edificio, cuya única reminiscencia castrense era la torre que aún se conserva se mantuvo en pie hasta que los planes urbanísticos de finales del XIX acabaron con su existencia.  Su arquitectura, a juzgar por las fotografías que se conservan de su última época, recuerda más una robusta masía urbana -si se permite la expresión-, que un palacio. Sobre su configuración sabemos que en el siglo XV entre sus dependencias existía una capilla, un claustro, casas, patios, graneros y bodegas; y que bajo la regencia de la familia Muntanyans (siglos XV y XVI) se acometieron varias reformas, como la construcción de la escalinata del patio, el claustro o algunas ventanas. Así lo relata Domènec Ferran en un artículo publicado en Diario de Terrassa.

“El claustro tenia dos pisos, la planta baja con pilastras rectangulares y arquerías apuntadas y la planta superior con una galería de arcos rebajados. Conservamos una pilastra de la planta baja visible en la finca de la calle Cremat número 3 y eso nos da la pista principal de que el claustro estaba situado en el sector oeste de la Torre del Palau“.

Procedentes del claustro superior gótico, se conservan algunos elementos que en la actualidad se pueden contemplar en el interior del Castell Cartoixa de Vallparadís, transformado en espacio museístico de la ciudad. Concretamente, podemos ver la reconstrucción de uno de sus arcos sustentados por columnas cuyos capiteles estaban decorados con cabezas de ángeles y motivos vegetales, y cuyas basas se apoyaban sobre estructuras cuadradas y de formas geométricas que hacían la función de baranda.

Según señala Ferran, “se trataba de un claustro de medianas dimensiones que daba al castillo la relevancia de las grandes mansiones góticas de la calle Montcada de Barcelona“.

En el Castillo de Vallparadís también podemos contemplar una de las ventanas del Palacio que daban a la Plaça Vella (dos más se pueden ver en el Museo de Sitges). Se trata de un elemento arquitectónico decorativo elaborado en piedra y de estilo gótico renacentista catalán. Presenta un arco plano en cuyo centro aparece el escudo de la familia Muntanyans y dos ángeles que sustentan libros.

JOSE LUIS MONTOYA / ARQUITERRASSA


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