Desde que la alegre casta afortunada se sacó de la manga un sétimo distrito, las cosas en sus barrios parecen ir de mal en peor, principalmente en lo relativo al espantoso transporte público gestionado por una empresa a la que pese a todo se le da largas antes de llamar a un nuevo concurso público, y desde agosto, como nos aclaró una lectora, al suministro de energía eléctrica que es poco menos que criminal habida cuenta de los constantes apagones.

La semana pasada, los autobuses municipales llegaron a tener retrasos mucho más allá de lo tolerable para poder afirmar que sus horarios son relativamente  aproximados. Se podría justificar que la anomalía se debía a las lluvias, pero es que la situación no es anormal. 

En lo que va de semana, de seis oportunidades en las que he necesitado el transporte, solo en una pasó a su hora. Ayer al mediodía, la línea 10 de venida, llevaba un retraso de 22 minutos. Hoy, de 27. Ayer, la línea 4 con destino al centro, a media tarde, no pasó (se ve que había un atropello en el camino) y la 10 con dirección también al centro, llevaba un retraso de 14 minutos. Hoy, la misma línea 10 con la misma dirección, iba con 9 minutos de atraso. Solamente ayer por la noche, el horario de la 4 hacia el barrio abandonado, fue correcto.

En lo que respecta a la luz, varios sectores del  nuevo distrito, dejado como siempre a la buena de Dios, llevan meses padeciendo de cortes, parpadeos y otras incidencias capaces de acabar con los artefactos eléctricos, sin que seguramente nadie se responsabilice.

Esto último ciertamente, no es culpa directa del consistorio hasta que a algún genio se le ocurra su remunicipalización, pero debería tomar cartas en el asunto para evitar esta situación que se ha agravado con las lluvias, aunque ya antes bastaba con un escupitajo para hacer zozobrar el servicio. 

Buena es, en todo caso, la oportunidad para recordar el agravio comparativo del ayuntamiento, cuando en días pasados ignoró los cortes de luz del barrio más periférico de la ciudad, pero no los habidos en su área mimada, como es el centro.

Como nunca antes, a cada momento me toco mi cana cabellera para ver si aún me quedan pelos.

Así es la vida. Así son y así están las cosas.

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