Que alguien deje la basura alrededor de los contenedores, podría explicarse por el hecho de que aparte de incívica, esta persona es una vaga sin remedio. Que otro ser humano ponga su perrito a cagar en la acera y no recoja la mierda, aparte del incivismo intrínseco, puede ser ocasionado en el hecho de que le pesan sus inútiles criadillas. Que un excelentísimo e ilustrísimo señor concejal te diga que las rieras son unos vertederos, demuestra una ignorancia supina… ¿Qué? Ah, no. No viene al caso. Sigo: Que un sujeto registre los contenedores, llenando su entorno de escombros, aparte de lo incívico del acto, podría tener una explicación en el probable hecho de que anda en busca de algo que pueda serle de utilidad.

Y así, si queremos y somos algo ingenuos podremos encontrar alguna probable justificación para el incivismo que caracteriza a muchos vecinos. Sin embargo, cuando vemos una cabina de teléfonos, que utilizamos pocas veces llevados por la necesidad de una comunicación que por cualquier motivo no se puede hacer a través de otro medio, destrozada, no hay ninguna palabra o juego de palabras utilizable para justificar el hecho. Tal vez, solamente maldad. Estupidez, imbecilidad, etc.

Lo más triste de la cabina captada por Terrassa en la Mira, es que los destructores fueron un  par de mozuelos que con esa risa que suele abundar en la boca de los idiotas, celebraron su gracia, mientras se alejaban del sitio, comentando su hazaña.

Así es la vida. Así son y así están las cosas.

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