Los diversos acontecimientos que configuran la crónica diaria de la ciudad, algunos tranquilos, otros menos y los menos, más, no logran poner a la defensiva una tradición tan nuestra, tan Occidental, como es la Navidad. Y no pueden, porque más que de los comerciantes, más que de los mayores, más que de los que pretenden marcar las rutinarias pautas divorciadas del sentir del pueblo, esta fiesta es de la chiquillería.

En consecuencia, resulta grato dar un paseo por la ciudad y a estas alturas del mes, por la Feria de Santa Lucía, porque los colores, las luces, los adornos, los abetos e incluso el olor, nos sumergen, entre otros elementos alegóricos, en estas fiestas que culminan con la Noche de Reyes, pasando antes, por el emotivo cambio de año.

Las fotos de Terrassa en la Mira recogen algo de lo que hemos visto y que queremos compartir.


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