Me habían comentado que la iluminación conque el centro quiere conmemorar una Navidad más, es triste, opaca, sin gracia y como no me lo quería creer, me acerqué por el sector, porque por los barrios los adornos alegóricos a las fechas, son casi nulos, y la impresión que me ha quedado ha sido de cierta desolación. Parecen las del centro, luces con ciertos tintes funerarios, sin alegría, desangeladas, obligadas… para salir del paso.

Pienso que se puede hacer mucho más. A fin de cuentas las fiestas son infantiles y aunque no tenga derecho al voto, este colectivo menudo es el más importante, el de mayor proyección, al que más ilusionan desde los detalles hasta los grandes acontecimientos.

Y en ese mucho más al que me refiero ren el párrafo anterior, se debe añadir un equilibrio con los barrios, que aunque sus residentes no sean amigos ni vecinos de las autoridades, tienen el mismo derecho al disfrute, especialmente la chiquillería.

Esta iluminación opaca egarense, contrasta con la verdadera competencia en que han entrado otras muchas poblaciones del Estado para ofrecer la mejor y más brillante de las navidades. Y ello, en cada una, tiene repercusiones turísticas tan positivas que los gastos quedan eclipsados por los ingresos.

A ver si en las próximas fiestas se hace un correctivo e independientemente de la necesaria mentalidad administrativa, se piensa más en la gente, toda la gente, y en su efímera aunque satisfactoria alegría.

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