Como consecuencia de la lamentable muerte de un caballo el año pasado antes de comenzar la Cabalgata, las minorías animalistas, escudándose en la dictadura de lo políticamente correcto, adoptada curiosamente por la casta política, lograron que este año los equinos, como si no fallecieran como cualquier ser vivo, fueran eliminados de la fiesta. 

De esta forma los niños y los adultos, de cualquier sexo, raza o religión, se verán impedidos por las minorías chillonas y la complacencia de la casta que aparte de estar muy alejada del sentir popular se atrinchera en su fariseísmo buenista, de disfrutar de uno de los espectáculos más esperados después de los caramelos, como es contemplar a los caballos engalanados para transportar las carrozas reales.

Yo diría como sugerencia muy personal y respetuosa, que en lugar de poner a arrastrar los carruajes a vehículos automotores que tanto ensucian el aire, lo hicieran los políticos para así justificar un poquito sus sueldos exorbitantes que se han adjudicado, también a espaldas del sentir ciudadano.

Lo malo es que si eso ocurriera, no faltaría algún listo de aquellos que no faltan y de los que me desmarco, que le diera por llamar a la fiesta, Burrada de Reyes.

Así es la vida. Así son y así están las cosas.