Son demasiados los años de aguantar ayuntamientos dedicados casi en exclusiva para el centro, dejando migajas, para que no se diga, a los barrios. Por eso, es más que probable a la vez que deseable, que el 26 de mayo del año que se inicia el martes, los vecinos voten a conciencia por un consistorio de Terrassa, por Terrassa y para Terrassa.

Para dar base a mis palabras, una de las cosas patéticas del nuevo distrito 7 que no tengo ni idea si ya ha comenzado a funcionar, aparte del aseo urbano y de los huecos en las calles que a diferencia de los del centro, solamente se parchean, es el transporte público, pues los horarios suelen ser bastante flexibles, eso en las ocasiones que no ha fallado el mantenimiento de los vehículos que es cuando se saltan un tramo horario o más de uno si es de merecer, como si los vecinos del sector sin coche fueran ciudadanos de tercera o, seguramente, en opinión de nuestros dioses directores, ciudadanos fantasmas.

Yo suelo coger el autobús unas dos o a lo más, tres veces a la semana, y al menos una, se produce una incidencia horaria. Ayer, sin ir más lejos, llegué a la parada 10 minutos antes que pasara el autobús, porque cuando no se atrasan, a veces se adelantan y a pesar de que la frecuencia sabatina es en la línea 4 de 30 minutos, el de esa hora no pasó, es decir, la espera se convirtió en 40 minutos para llegar tarde a comer en casa de mis nietos. Hace poco, perdí una cita con el especialista por la que esperé seis meses y ahora debo esperar otros seis.

Esto me llena de ira, pero cuando pienso que las encuestas, sondeos y estudios de campo dan mayora relativa de momento en las elecciones municipales al partido de Jordi Ballart , Tot x Terrassa con 8 ediles, y auguran la práctica desaparición a nivel local del socialismo, que lucharía a brazo partido por dos concejalías, me entra un fresquito en el cuerpo y mi espíritu se llena de esperanza.

Así es la vida. Así son y así están las cosas.