Hace un par de días, mi querida aunque abandonada ciudad , recibió un curioso reconocimiento que si no me engaña la memoria se llama la Pollita Amarilla  o algo parecido, por, eso no se me olvida porque tengo buena memoria para las humoradas, la maravillosa, inconmensurable, perfecta y todopoderosa  gestión de la selecta recogida de desperdicios.

Y me dio vergüenza, porque todavía me queda algo de ella. 

Sin saber si el chisme de la gestión de los desperdicios se hace bien o no, la sensación es que el trámite es paupérrimo, porque ya sea por culpa de los incívicos o de los encargados de vaciar los repetidamente llenos contenedores, la imagen de la nuestra, es la de una localidad sucia y abandonada. 

Si especialmente cuando se acercan las elecciones con el desastre en el horizonte se hacen esfuerzos, no lo estoy en condiciones de discutirlo, pero a la vista está que si se hacen, son absolutamente insuficientes. Por ello los premios, reconocimientos o galardones en la materia, sobran y si por error o cualquier otro motivo se otorgan, honraría a quien tuviera el valor de declinar los honores inmerecidos.

El premio que esperamos que no sea rechazado es el que a título personal le quiero otorgar a estos satisfechos caballeros que dirigen la villa, que es el premio Avecilla Preñada a la suciedad y del que quiero dejar constancia que nadie lo ha gestionado (¡Lo juro!).

Así es la vida. Así son y así están las cosas.

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