El Ayuntamiento de Terrassa ha anunciado un ambicioso proyecto de transformación del espacio delimitado por la Rambla Francesc Macià, la calle Provença y la avenida Béjar. Se trata de la urbanización de ese sector para transformarlo en un nuevo parque para la ciudad, cuyo nombre será Parc de la República. El proyecto, adjudicado al gabinete Feu’Godoy Arquitectura, se halla ahora en fase de exposición pública para recoger propuestas ciudadanas de mejora.

La propuesta del  estudio de arquitectura ubicado en Solsona (Lleida) se basa en la recuperación de la identidad del pasado rural de la zona, según ha informado el Consistorio en una nota de prensa, a la vez que mantener y ampliar su “vocación de servicio”, ya que el espacio reunirá equipamientos deportivos, educativos, asistenciales y socioculturales. “La voluntad es que sea un parque para disfrutar y convivir con proyección de ciudad, accesible para todos y con valor paisajístico, rural y de gestión del agua”, se explica en la nota.

El proyecto prevé la transformación de unos 30.000 metros cuadrados y permitirá recuperar algunos elementos identitarios, como el antiguo camino de Can Petit o un tramo de la antigua mina de agua del textil que atraviesa el subsuelo de todo el Parque. Además, el proyecto también contempla la construcción y uso de elementos propios de la zona, que han sido borrados por el paso del tiempo, como los muros de piedra seca, los campos de árboles frutales o las balsas de agua de lluvia. Todo el espacio estará conectado con viales pavimentados que enlazarán con la avenida de Béjar y la rambla de Francesc Macià.

El espacio que ocupará el futuro Parc de la República estaba organizado en terrazas de cultivo de olivo y vid flanqueadas por muros de piedra seca, donde los árboles frutales convivían con un sistema de regadío basado en la ubicación estratégica de balsas y acequias. Todos esos elementos, que marcaron un rico pasado viticultor y agrícola serán revalorizados en este parque, de acuerdo con el proyecto presentado. Por otra parte, dicho proyecto pretende también poner en valor un elemento hidrológico de importancia histórica. Se trata de la mina de agua que transcurre por el subsuelo del futuro parque y que data del año 1870 aproximadamente. Las minas de agua son construcciones de obra de una altura media de 1,55m y una anchura de 0,70 m, que suelen discurrir a unos 25-30 metros de profundidad, y que captan las aguas freáticas hacia las balsas para ser explotadas en cultivos, en talleres o en industrias. Al parecer, se remontan a la Edad Media; la primera noticia histórica documentada sobre una mina de agua es del siglo XIV y se refiere a la que abastecía al Castell-Palau de Terrassa. Según se refiere en la memoria del proyecto, en 1441 parte de estas aguas se canalizaron hacia la villa por medio de una tubería y eran almacenadas en balsas de donde brotaban fuentes. Cuando en los siglos XVI y XVII la población se estableció fuera de las murallas, una de las mejores formas de obtener caudales hídricos imprescindibles para la vida urbana fueron las minas. La red se amplió, y a finales del siglo XIX Terrassa disponía de un entramado de entre 14 a 17 km de minas subterráneas conductoras de aguas freáticas que abastecían todas las industrias y permitían mover sus motores hidráulicos o abastecer los lavaderos de lana, pero también satisfacer las necesidades de la población y regar los desaparecidos campos olivos, huertos y vid.

La propuesta plantea interactuar con el equipamiento ya existente (Campo de fútbol, Casal Cívico, etc.) y respetar los anteproyectos existentes, pero propone nuevas ubicaciones para algunos de ellos. Para adaptarse a las características del terreno se pretende desarrollar mediante la creación de varias plataformas de pavimento situadas entre franjas verdes, lo que permite plantear un esquema de fases de ejecución adecuado para desarrollarlo según las condiciones presupuestarias municipales.

Los arquitectos redactores del proyecto plantean una ejecución en cinco fases: la primera se dedicaría a la construcción del edificio de los locales anexos al futuro anfiteatro y cerrará el patio del centro cívico. A ésta seguiría una segunda destinada a construir la plataforma del anfiteatro. Incluiría la construcción de las gradas y de la balsa depuradora y el inicio del camino de Can Petit. También incluye la mejora del espacio entre el centro cívico y la biblioteca, que conecta con el anfiteatro.

En una tercera fase se acometería la mayor parte del parque, creando las diferentes plataformas y las franjas verdes. La fase cuatro  estaría destinada a crear  la plataforma superior, que cierra el espacio de uso deportivo; y finalmente, la quinta fase estaría destinada a la construcción del edificio de vestuario y al local social.

JOSÉ LUIS MONTOYA / ARQUITERRASSA

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