A Terrassa han llegado incontables ciudadanos venezolanos que huyen de una de las más crueles dictaduras de las que tenga recuerdo América Latina. Paralelo a esta entrada, que se repite en cada una de las ciudades de España, vamos conociendo a través de ellos y de los medios, las noticias acerca de las crueldades del dictador apoyado en el país por Podemos, que de esta forma demuestra que no es un partido que siga las reglas democráticas, sino, como ordenaba Karl Marx a través de su obra El Capital, un movimiento desestabilizador para romper el Estado desde dentro del Estado. De ahí su aparente ambigüedad respecto al problema catalán, donde tiran la piedra y esconden la mano (Colau, p. ej.).

Pese a este éxodo caribeño, que se traduce en inmigración aquí, no hemos visto que nuestro consistorio tan dado a paternalismos clericales, a palabras lisonjeras hacia los “ismos”, a discursos tan rimbonbantes como  vacíos, a mesas, plataformas e infinidad de entes sin sentido ni más función que una dudosa figuración., a su apego a la dictadura de lo políticamente correcto. Pese a esta inmigración, decía, el ayuntamiento ha guardado un sospechoso silencio.

Y digo sospechoso silencio, porque siendo un tema de candente actualidad que afecta a un pueblo que nos es muy cercano en costumbres, tradiciones y cultura, este ayuntamiento que escenifica plenos que pese a las enormes carencias de la ciudad, se asemejan más bien a reuniones de las grandes centrales sindicales, o al Consejo de Ministros o a la Asamblea de las Naciones Unidas, y no a las de un simple y modesto ayuntamiento hispano, no ha dicho ni ‘mus’ respecto a la terrible problemática venezolana

Sería tan fácil hacerlo. En fin. Sería fácil si dentro del consistorio no hubiesen elementos que apoyan y justifican los desmanes maduristas, como en su época, otros grupos con la misma lógica, apoyaron y justificaron los desmanes de gentuza como Stalin o Hitler. Mussolini o Franco también tuvieron sus defensores. Todos los demonios los tienen.

Espero, seguramente sentado, que alguien dentro del ayuntamiento tenga la valentía de condenar lo condenable. Pero es difícil ser valiente, cuando un trabajo bien pagado depende de saber mirar hacia otro lado.

Una pequeña palabra de aliento consistorial, sería un enorme gesto de apoyo a quienes han debido abandonar su tierra usurpada por una camarilla de narcos.

Así es la vida. Así son y así están las cosas.

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