Esto del transporte en Terrassa es una tomadura de pelo que parece solucionarse comprando nuevos vehículos poco a poco y manteniendo paupérrimamente los que van quedando a punto de chatarra para que puedan circular hasta lo más alejado del área de influencia de ese club social de amigos del centro que legalmente debe llamarse ayuntamiento.

Y lo que empeora la percepción es que después de haberse convertido hace muchos años en una necesidad el cambio de gestor del transporte municipal, ahora, cuando quedan pocas semanas para las elecciones municipales que afortunadamente parece que producirán un cambio radical en el equipo de gobierno y su color, se habla de comenzar a tramitar una licitación que era desde hace mucho tiempo, más importante que las mesas, los premios, las fiestas,  los reconocimientos y toda esa parafernalia que en nada beneficia a la colectividad, pero que permite a unos pocos, especialmente vecinos del centro, tener sus dos minutos de gloria.

Un niño se aporrea por culpa de una puerta averiada de un autobús de la Línea 10

Ayer poco después de la una de la tarde, como un ejemplo entre otra infinidad, un niño de unos cinco o seis años, que iba con su madre, bajó junto a ella y a su misma velocidad, sin percatarse que una de las hojas de la puerta de salida de esta chavola en circulación, se había quedado, para variar por el mal mantenimiento, cerrada y chocó de frente, se fue de lado y cayó de cabeza sobre la acera de la parada de Can Palet en dirección a Les Fonts. Fue solo un aporreo, un susto, pero si eso me llega a pasar a mí, se me rompen dos costillas, un codo y la muñeca, por lo menos. El conductor no se percató porque todo ocurrió en un abrir y cerrar de ojos.

Aparentemente el día anterior esa misma unidad,  subió con serias dificultades por la calle Italia hacia la Oceanía e incluso llegó a detenerse frente al Correo.

No es por nada, pero recuerdo que una vez cuando vivía en Venezuela, el alcalde de Ciudad Guayana, Luis José Pastrano, un radiodifusor tremendamente popular, tuvo la honestidad y la gallardía de dimitir de su cargo porque no podía hacer todo lo que quería hacer por esa enorme  localidad.

Así es la vida, Así son y así están las cosas.

Foto Caracas en Retrospectiva

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