Ya soy viejo y lo sé. Que no tengo la misma memoria de cuando era un adolescente de 50 años, también lo sé, pero de algunas cosas me acuerdo y entre las que me acuerdo es de una repetitiva monserga de la alegre casta que habla, habla y habla y que en lugar de trabajar, se contempla con evidente satisfacción el ombligo, aunque esté lleno e pelusilla. Y esa monserga a la que me refiero, porque hay muchas otras, es la de retirar las torres eléctricas y los cables que sostienen, a su paso por la ciudad.

Y esto me viene a la cabeza porque ayer mientras estiraba mis roñosas piernas por una de las destrozadas aceras de la Av. del Vallés, probablemente iluminado por alguna deidad buena, posiblemente el dios Vishnu, posé mis cansados y maltratados ojos en un montón de torres y un montón multiplicado de cables y me dije espantando… ¡No puede ser!

¡Pero sí puede ser! Y a la vista está

Así es la vida. Así son y así estan las cosas.

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