El Departamento de Salud y el Departamento de Trabajo, Asuntos Sociales y Familias han presentado esta mañana el nuevo ‘Protocolo de actuación de malos tratos en la infancia y la adolescencia en el ámbito de la salud’. Una de las novedades del documento consiste en ampliar el papel de los profesionales de atención primaria y comunitaria en la detección de esta problemática. Por ello, se les da herramientas en su actuación para ayudar a diferenciar qué es un maltrato y qué no, reducir el margen de interpretación subjetiva y favorecer la detección y notificación de casos.

La consejera de Salud ha subrayado que el protocolo debe servir para mejorar la eficacia en la detección del maltrato pero también para ayudar a las familias a prevenir estas situaciones. Vergés ha resaltado que, por primera vez, el protocolo incluye la detección de posibles malos tratos en la primaria, como centro del sistema que supone.

La titular de Salud, que también ha destacado que el protocolo protege los profesionales sanitarios en sus actuaciones, también se ha felicitado por la participación de muchos profesionales expertos en su elaboración.

En el transcurso de su intervención, el consejero de Trabajo, Asuntos Sociales y Familias, Chakir el Homrani, ha destacado la importancia de la prevención y la detección precoz del maltrato. En este sentido, ha remarcado que “antes de que la vida o la salud de un niño o adolescente se vea gravemente comprometida, hay señales y malos tratos iniciales sobre los que hay que poner todas las antenas sociales que nos ayuden a detectarlos.”

“Este protocolo pone el bienestar y las necesidades del niño en el centro y hace que no tengan que explicar los hechos vividos varias veces, evitando así la revictimización. Proteger a los niños para que no tengan que sufrir en este sentido es uno de los objetivos que compartimos los dos departamentos. “

Uno de los avances del protocolo es la voluntad de evitar la victimización secundaria de los niños y adolescentes, sin caer en el infradiagnóstico, por ejemplo evitando la repetición de las diligencias que se practican en estos casos y actuando, en general, con mínima intervención, con rapidez y con especialización, por lo que no se prolongue de manera innecesaria su sufrimiento.

En la elaboración del protocolo han col • laborado más de sesenta profesionales de diferentes disciplinas y niveles asistenciales de Cataluña, además de profesionales de la Dirección General de Atención a la Infancia y la Adolescencia (DGAIA) del Departamento de trabajo, Asuntos Sociales y Familias. Por su parte, el Departamento de Salud y el Servicio Catalán de la Salud (CatSalut) han reordenado el modelo de atención teniendo en cuenta las necesidades y expectativas actuales, con una visión integral que potencia el nivel de atención primaria comunitaria -incluida la atención a la salud mental- y los servicios de urgencia de los hospitales de referencia.

En este sentido, por un lado, el protocolo contempla la formación y sensibilización de los profesionales sanitarios, con especial énfasis en los de atención primaria; por otra parte, prevé crear progresivamente equipos funcionales expertos en abusos sexuales y maltrato grave, distribuidos por el territorio y encargados de hacer el diagnóstico sanitario y el tratamiento inicial y de asesorar a los profesionales de primaria y de los hospitales. Estos equipos se irán integrando en las unidades de atención integrada que irá desplegando la DGAIA.

Además, se está desarrollando un apartado al eCAP (la historia clínica informatizada de atención primaria) que permita a los profesionales de atención primaria introducir datos de niños atendidos con indicadores de riesgo de maltrato. Estos datos se conectarán con el Registro Unificado de Maltrato Infantil de Salud (RUMI salud), que desde 2009 permite recoger información de casos atendidos en los hospitales de Cataluña con servicio de pediatría, ginecología y obstetricia.

Asimismo, para facilitar que los profesionales recojan la información de forma más estructurada han diseñado tres modelos de documentos: la ficha de notificación de situación de riesgo o desamparo infantil de los servicios de salud, el informe de atención sanitaria, y el comunicado judicial; los tres modelos se incorporarán a los sistemas de los diferentes dispositivos sanitarios, que se nutrirán progresivamente de los datos de las propias historias clínicas de cada nivel asistencial.

Proactividad los profesionales y valoración integral de los casos

La detección de cualquier tipo de maltrato (físico, psicológico o emocional, por negligencia o abandono, abuso sexual, etc.) requiere de una actitud proactiva por parte de los agentes implicados y su valoración final como tal debe ser fruto de un estudio global, que una las visiones sanitarias y psicosociales. El protocolo, por ejemplo, apunta indicadores de sospecha -en niños y adolescentes, pero también en padres, madres y tutores- para evaluar si se está delante de un caso de maltrato y establece qué actuaciones (pruebas, exploraciones físicas, entrevistas) y tratamientos a seguir en función de la gravedad de los hechos.

Además, por un lado, el protocolo dedica un apartado específico para el maltrato prenatal, lo que tiene lugar cuando no se ofrece al feto todas las atenciones que necesita; es decir, cuando una gestante, por ejemplo, se alimenta de forma deficiente, consume drogas, está en una situación de vulnerabilidad o está siendo maltratada, tal y como se recoge en el protocolo de violencia machista.

Por otro, la guía también recomienda actuaciones para detectar el maltrato en bebés. En este sentido, se entiende que un momento de gran vulnerabilidad son estos primeros meses de vida, sobre todo si se trata del primer hijo o hija. Entonces, varios factores pueden generar frustración en los progenitores, un hecho que sumado al desconocimiento del riesgo que puede suponer sacudir un bebé, puede generar situaciones que pongan en grave riesgo su vida. Por ello, se recomienda hacer búsqueda activa de signos de fatiga de los progenitores y hacer consejo preventivo sobre el zarandeo desde los servicios de neonatología de los hospitales y de forma coordinada con los centros de atención primaria.

Por último, el protocolo también vela por proteger los profesionales sanitarios que, a menudo, viven situaciones de estrés emocional importante en atender a niños o adolescentes que padecen o están en riesgo de sufrir un maltrato. En este sentido, se remarca la necesidad de que las entidades proveedoras donde prestan servicio los profesionales les garanticen recursos y condiciones de trabajo que les hagan sentir seguros para actuar como corresponda.