Hace ya mucho tiempo, creo que cuando estaba a la cabeza del consistorio alguien que creo que se llamaba como el director de tráfico de aquellos años de los que sus nombres por grises y opacos no me recuerdo, así como Miguel de Cervantes y Saavedra olvidó el de aquel pueblo enclavado  en un lugar de la Mancha donde transcurrió la vida del inmortal aunque fallecido, Don Quijote, ofreció someter a votación en qué se invertirían cuatro millones de euros que habían sobrado solo Dios sabe a estas alturas, porque mi memoria no da para tanto, de qué y por qué. 

Lo anterior viene a cuenta a raíz de aquella demagógica consulta ciudadana hecha en 2010 por el equipo de gobierno para saber qué se haría con cuatro millones del presupuesto participativo y, como nunca, los participantes fueron muchos más que los cuatro gatos que suelen opinar en este tipo de consultas y por inmensa mayoría ganó la opción de hacer un Skatepark en el Parque de Vallparadis.

La cosa es que no sabemos ni cómo ni tampoco por qué, un presupuesto que ya existía, se esfumó sin hacer caso -como ya lo ha hecho habitual la casta por creer que tiene la facultad de pensar por nosotros- a la voluntad de los ciudadanos y se le fue dando largas al asunto y al ritmo de una silenciosa melodía  ceñida a una invisible batuta que coincidió con las pegas por esto, por aquello, por lo otro  que pusieron los vecinos del sector… ¡El proyecto se olvidó!

Pasó el tiempo y fallecido, extraviado o lo que sea, el proyecto de hacer un Skatepark más centralizado por la lejanía del ya existente en el barrio de San Lorenzo, resucitó en 2017, pero más como un zombie porque no sería ni por asomo en el lugar escogido en la consulta ciudadana, sino donde a la genial casta le viniera en gana y en su docta opinión colegiada, el sitio escogido fue en el ‘quinto pino’, es decir, en una isla de la Av. de Can Jofresa y ahí se está haciendo desde el 8 de octubre pasado y aunque la previsión de las obras fue entonces de cuatro meses, a fecha de hoy, sesenta días después de lo previsto, los trabajos están en “pelotas”… Y en esta ocasión no se puede poner al clima como pretexto.

Afortunadamante suelen existir en la construcción penalizaciones por retrasos y si esto fuera así también en Terrassa, uno superior al 50 por ciento del tiempo estipulado, debería rebajar mucho el precio de la obra.

Afortunadamente la transparencia nos ampara.

Así es la vida Así son y así están las cosas.