El pasado 7 de febrero la tradicional locomotora de la rambla, fue devuelta a su sitio después de un tiempo dedicado a su restauración y algo más de dos meses después, un (o unos) salvaje no ha tardado en recordarnos que entre los decentes vecinos de Terrassa, se atrinchera una minoría de vándalos que hacen con la propiedad pública o privada, lo que les da la gana.

Como decimos, la locomotora que ocupa un rincón en la plaza  que hay en la esquina de la rambla d’Egara y la calle de Galileo desde el 6 de mayo de 1968, no ha sido una excepción a ese deseo patológico con ciertas pinceladas de sadismo estúpido, de hacer daño, seguramente porque en la mente o mentes de los culpables, queda poco espacio -si es que queda – para la inteligencia.

De esta forma, la vieja locomotora, “La Pequeña” como también se le llama por su tamaño, exhibe ultimamente un grafiti con la firma delatora de algún elemento sin oficio que se habrá sentido Picasso, Monet o Da Vinci mientras cometía su penosa fechoría.

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