Anoche quedó a la vista que no son sus representantes, sino los “genios” que escogen las canciones los responsables del ridículo que un año sí y otro también hace España en Eurovisión (salvo contadas excepciones en los últimos 20 años).

Da la sensación de que quienes determinan el tema que irá al Festival, lo hacen con el íntimo deseo que perdamos, pero no de manera honrosa, sino vergonzosa. Y si no es así, está claro que por mucha teoría que ostenten en sus especialidades, los ‘culpables’ de exhibir ñoñerías musicales ante el mundo, no están en sus puestos de trabajo por capacidad o experiencia como sucede en algunas ocasiones en los organismos públicos en cualquiera de sus ramas.

Y, en el caso eurovisivo, pasa lo que pasa. Gente con mucho estudio pero sin ideas, suele mirarse el ombligo y cualquier tontería que les surja, les parece una genialidad insuperable. Así, pienso yo, nació “La venda” y muchas otras canciones en las últimas dos décadas.

¿Miki? Aunque puso empeño y entusiasmo dio la sensación de que era más consciente que cualquiera de nosotros que iba solamente a llenar un espacio. La misma sensación dejaron los presentadores de RTVE,  que por primera vez en muchos años dejaron aparcado el histórico chovinismo que ensalzaba la mediocridad, y desde el principio, aunque nuestro representante fue el último en actuar, conocían, como todos nosotros, la triste canción que interpretaría.

En resumen, en el marco de un espectáculo integral, extraordinario y brillante, adobado con intérpretes de altísima calidad y obras en general superiores a otros años, nuestro país, con un artista entregado, volvió a fallar con la canción.

Desde la primera vez que escuché “La venda”, di un salto emocional al pasado, hacia los años 60/70, décadas en que quizás y con algo de suerte, el tema podría haber alcanzado un honroso cuarto o quinto puesto… ¡Pero no en pleno siglo XXI!… porque el concepto de “canción festivalera” ha cambiado muchos desde entonces, aunque no quepa esa idea en la mollera de la maquinaria nacional festivalera.

De seguir así, es preferible que España deje de participar en este festival, porque un país grande y lleno de talentos, está dando una imagen tristísima de nuestra creatividad.

Hoy estoy más cabreado que nunca porque ayer obtuvimos el 22º lugar (entre 26 participantes),  a pesar del apuntalamiento claramente hispánico de uno de los presentadores israelíes. Pero no estoy cabreado solamente por eso, sino porque el chico que puso cara al descalabro, al desacierto de otros,  tiene tanta calidad como talento y futuro. ¡Y es de Terrassa!

Esta crónica la escribo en momentos en que a través de los diferentes medios que analizan el desastre, hay, y ese es uno de nuestros mayores defectos, muy poco espacio para la autocrítica y mucho para no dar crédito a una supuesta injusticia descomunal, como si se tratase de un glorioso parte de guerra del bando perdedor.

Así es la vida. Así son y así están las cosas.

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