Hay una pregunta que rondará en el aire los próximos cuatro años y es la de si Tot per Terrassa, la plataforma política creada para aupar al ex alcalde Jordi Ballart , hubiese soslayado siquiera la posibilidad de pactar con el rupturismo para alcanzar sus fines de recuperar la alcaldía, el resultado hubiese sido el mismo.

Todo parece indicar que no. Entre un sector nada desdeñable de sus votantes principalmente en los barrios, existe una sensación de decepción. Muchos llegan incluso a pensar que este pacto ya estaba presuntamente cocinado durante la campaña y de haberlo sabido, el voto hubiese tenido otro destino. Otros, piensen o no esto último, admiten, asimismo, que fue un error votar al ex alcalde.

En resumen, entre los decepcionados, hay un sentimiento común: Su voto no era independentista y si hubiesen conocido de antemano que existía la posibilidad de un pacto como el que se firmó, jamás habrían echado a la urna la papeleta de TxT.

Esta sensación indesmentible, aunque a estas alturas, difícil de medir porcentualmente, nos lleva a pensar que dada la magnitud del asombro y en muchos casos rabia, el actual alcalde de Terrassa hubiera visto mermado su caudal electoral en más o menos un tercio, el que mayoritariamente habría cosechado el PSC y probablemente Terrassa en Comú también habría obtenido su pequeña propina.

Si las indagaciones en la calle, las aplicásemos a unos hipotéticos resultados, la siguiente hubiese sido la distribución de concejales:

PSC 9
TxT 7
ERC 5
C’s 3
JxT 2
TeC 1

En todo caso, de haber ganado, la tendencia socialista también hubiese sido apelar a ERC como comodín de gobernabilidad y naturalmente, el cabreo se hubiese enseñoreado entre sus filas.

No es lo mismo haber pactado o llegado a acuerdos con ERC en la época en que los propios socialistas lo hicieron, porque la formación republicana todavía respetaba la Constitución Española, que hacerlo ahora, en una ciudad mayoritariamente constitucionalista.

Así es la vida. Así son y así están las cosas.

Anuncios