Recuerdo que el día que dimitió el nuevamente alcalde de la ciudad, Jordi Ballart, confié en el transporte público para acercarme al ayuntamiento y ser testigo del acto. Salí de casa una hora y media antes de la señalada en la convocatoria y llegué cuando el evento estaba culminando, y eso que el tiempo de recorrido estimado entre mi parada y la del Mercado de la Independencia, era de unos 30 minutos.

Esta tarde, cuando el líder de TxT tiene cuatro días de haber recuperado el cargo, llegué a la parada de “mi autobús”, a las 17:27 y leí en los carteles de esos con los que el consistorio probablemente se mofa de los usuarios y que exhiben unos horarios que ni siquiera son referenciales, que la siguiente unidad debía pasar a las 17:31… Pero no pasó.

El siguiente debía llegar a las 17:49 y ¡TAMPOCO PASÓ!… Otra línea que también servía a mis propósitos de movilización, pasó quince minutos después de su hora de referencia y justo detrás de esta venía la “mía”, es decir 59 minutos después de que hubiese pasado el anterior, en lugar de los 18 previstos. Toda una broma de muy mal gusto a cargo de una empresa que hace mucho tiempo debió enfrentarse a otras en un concurso público para conseguir un gestor adecuado.

En esta jornada, además he tenido la oportunidad de ver, mientras viajaba, dos autobuses estropeados.

Así es la vida, Así son y así están las cosas…

O sería mejor decir que “La vida sigue igual”

Anuncios