Las paradas de los autobuses de Terrassa, son muy bonitas -todo hay que decirlo- , aunque como el propio servicio de transporte, tiene demasiados “peros”. Nada, no obstante, parece conformar un argumento lo suficientemente sólido como para que se convoque una licitación pública a fin de escoger una empresa que presente, como los vecinos de la ciudad se merecen, una oferta, buena, sólida y de calidad.

Estas paradas, donde existen, porque en la medida que se alejan del centro mimado, se convierten en bancos de madera o, simplemente ni siquiera eso, así como no resguardan del agua cuando llueve, multiplican, convirtiendolo en sofocante, el calor, principalmente en días como los que hemos soportado.

Esta mañana, superados los picos de ayer, se nos ocurrió a “mi negra” y a mi, sentarnos en una de esas paradas, buscando su sombra y lo que logramos fue cocinarnos el culo en sus asientos de aluminio, asarnos la espalda con su respaldo hirviente y sudar como equinos el cuerpo entero.

Son detalles que deben tomarse en cuenta.

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