Esta mañana, mientras el centro se despertaba agotado por los fastos conque su entregado ayuntamiento le demuestra su predilección, una señora de unos 35 años, que circulaba por la acera con un patinete eléctrico, se tropezó con uno de esos huecos camuflados por las malas hierbas que proliferan en los barrios sin que a nadie le interese más allá de lo conveniente, pero que se esmeran porque no aparezcan por el área privilegiada.

La pobre dama cayó cuan larga era de costado y después de ser atendida por varios viandantes y automovilistas -que en los barrios, habida cuenta de la sencillez de sus vecinos, la solidaridad no falta- fue trasladada a la Mútua. Y de ahí no sabemos más.

No es una noticia importante, pero sí una muestra más de las dos Terrassas. La del centro y la de los barrios. La caciquil y la normal. La preferida y la necesaria en cada acto electoral. La de la perfección urbanística y la de las señalizaciones blancas en el suelo de vez en cuando. La de los asfaltados completos y la de los parches. La de los hechos y la de las palabras. La de los amigos y la del resto.

Así es la vida. Así son y así están las cosas.

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