En mis muchos decenios de vida y más de medio siglo dedicado a la comunicación social, nunca creo haber llegado a contemplar ese estado extremo en que, como ahora, los políticos, desde su mundo, que va más o menos hasta su ombligo, solo ven maravillas donde el resto de los mortales observamos simplemente realidad, con sus miserias y esplendor, muchas veces, incluso, mezclados, matizándose el uno al otro.

Los éxitos y los logros, aunque no existan en la magnitud que un colectivo que se desenvuelve al amparo del control de las masas a través de la perniciosa dictadura de lo políticamente correcto, a veces cuelan a través de propaganda o consignas. No obstante, esta suerte de  adoctrinamiento, choca con lo cotidiano y lo hace poco creíble en una sociedad inteligente que se resiste a ser sectarizada.

Así las cosas, en nuestra querida Terrassa, las heroicas  gestas de la casta, la perfección alcanzada en sus lides gestoras, colisionan abruptamente con el verdadero estado de las cosas. Damos ejemplos de ello casi a diario, pero sin el casi, a diario somos testigos de que no todo va bien, o simplemente va mal o en algunos casos, la realidad podría mejorarse.

¿Un ejemplo más? El sábado pasado cayó una rama sobre un vehículo blanco aparcado en la calle Logroño a la altura de la Av. Madrid. Los bomberos cumplieron con su cometido de apartar los escombros para despejar el coche. Pero este miércoles, las ramas seguían tiradas sobre la acera.

Naturalmente, si esto hubiese ocurrido en el centro, el sector al que se debe incondicionalmente el consistorio, la imagen de Andrea S. Gómez  que acompaña esta nota, jamás se habría captado.

El tiempo pasa y los detalles suman… y así como cantaba Julio Iglesias en sus inicios… “Al final… la vida sigue igual”.

Así es la vida. Así son y así están las cosas.

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