Ya no va de horarios porque en definitiva son referenciales como la hora de la cita médica de la sanidad pública, pero sí de mantenimiento, porque pese a que las unidades del transporte público de Terrassa se van renovando en inauguraciones en las que quizás sea el único momento que nuestros venerables concejales pisan un autobús municipal, los defectos afloran últimamente con mayor frecuencia que antes y en unidades que todavía huelen a nuevas.

La semana pasada cogí un autobús flamante, pero al que no le funcionaban los timbres de parada. Hace menos tiempo, cogí otro al que no le iba el acondicionador de aire, ayer uno más que en lugar del enfriador iba con calefacción porque es la que funcionaba al poner en marcha la otra y esta mañana, mucho más grave, no se puso en marcha la plataforma para sillas de rueda, aunque sí una sonora alarma que dejaba en evidencia el disparate.

Sin embargo, la sabiduría política nos explica ‘pedagógicamente’ que no es el momento de convocar a una licitación para la gestión del transporte, aplazada, curiosa, aunque transparentemente eso sí, varias veces.

Así es la vida. Así son y así están las cosas.

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