Con mi limitado intelecto, que naturalmente está a años luz de la sabiduría (que creen tener) nuestras reverendísimas e ilustrísimas autoridades, no alcanzo a entender el por qué si el calor afecta a todos los terrassenses por igual (como al resto de españoles), no se permite la entrada gratuita a todas las piscinas de la ciudad y no solamente a la de Vallparadis. Será porque es más fresquita, pensarán ellos.

Lo sorprendente del caso es que mientras esta gente, intelectual donde las haya, busca soluciones para paliar la ola de calor, con filtros naturalmente, utilizando solo una de varias piscinas, esta tarde a eso de las dos viajé en un autobús al que no le iba el aire acondicionado y el domingo, yendo justamente a la piscina con “mi negra”, dentro de una de las unidades nuevas, mi termómetro digital marcó una temperatura ambiente de 37 grados (en el exterior era de 29).

Ruego al Divino Hacedor que cuando mi alma inmortal se reencarne en otro más joven tras dejar este vetusto cuerpo, me provea con la inteligencia de la casta para comprender lo que hoy me parece incomprensible, pero eso sí, que me evite ser uno de ellos, porque mi actual abuela, que no será la misma tras el traspaso corporal, jamás me lo perdonaría.

Así es la vida. Así son y así están las cosas.