Hemos podido observar no sin cierta desazón, que las chapuzas a las que nos ha acostumbrado el consistorio local, plasmadas principalmente en la vía pública, no son ni mucho menos de su exclusividad, porque hay empresas que nada tienen que ver con el quehacer político que más bien podría reclasificarse como ‘quedeshacer’, que hacen cada disparate que el mortal de a pie debe andar con cuidado para no ensuciarse los zapatos.

¿Un ejemplo? (Jamás a seguir)

En un barrio de Terrassa, no importa cuál porque estos son sectores que solo importan a través del verbo, un grupo de personas con un camión con cesta, comenzaron a reparar el alumbrado de los estacionamientos públicos que aunque poco, daban algo de luz entre las sombras nocturnas. Durante la primera noche, la luz era portentosa, tanto que algunos de los vecinos de los bloques que rodean la zona, llegaron a pensar que el sol se había negado a tirarse a los brazos de Morfeo, seguramente para disfrutar perennemente de las maravillas citadinas, pero no, pero no, era el resultado -provisional- de la cuadrilla y su camión.

Pero, como suele ocurrir con las cosas mal hechas, a partir de la segunda noche, la tercera, la cuarta, la quinta y la sexta, se hizo la penumbra más absoluta, no solamente en el sector “chapuceado”, sino en los cercanos y si alguien quiere ver algo más que no sea oscuridad en aquellos aparcamientos, deberá necesariamente esperar a que los primeros rayos del sol decidan pintar de brillantes colores a ese y otros puntos de nuestra abandonada ciudad (centro excluído, obviamente).

Ya hay competencia.

Así es la vida. Así son y así están las cosas.

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