Si es que alguna vez los hubo

Ya soy viejo. He vivido períodos de grandes cambios, adaptándome a ellos y haciéndolos míos.

De esta forma, durante mi adolescencia en otras tierras, conocí políticos aparentemente serios, supuestamente honestos y pretendidamente veraces. No obstante, mi buena abuela que lleva ya 43 años muerta o, con algo de optimismo, disfrutando del Reino de los Cielos, no se cansaba de repetir que “Para ser político se deben cumplir dos deberes ineludibles: Ser caradura y además, cristalinamente mentiroso”. Por ello me hizo jurar en más de una ocasión, que por muchas necesidades que padeciera en la vida jamás me perdonaría que me dedicara a la política.

Si la pobre hubiese pertenecido a esta época, un “yuyu” fulminante se habría encargado de acercarla prematuramente a la Parca, aquella inevitable compañera en el misterioso viaje hacia lo desconocido.

Así es la vida. Así son y así están las cosas.

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