Caminaba hace poco por una calle estrecha de las que abundan en Terrassa para mayor gloria de la polución, cuando un camión de la basura se detuvo para recoger unos contenedores.

Detrás de él venía una furgoneta de reparto y su conductor, bastante alterado, gritó a voz en cuello… “¡Me cago en diez!” para inmediatamente rectificar con un aún más sonoro “¡Me cago en dios!”.

Como el camión de la basura no podía acelerar su trabajo, el chofer de la ‘furgo’, casi al borde de la histeria, se inventó la supuesta antigua profesión de la santa madre del hombre de la basura y se lo repitió, “in crescendo” varias veces, para bochorno y escándalo de unas buenas señoras que salían de un templo cercano.

Momentos después el señor que conducía el camión, que permaneció impertérrito ante la avalancha de palabras soeces y malsonantes, adelantó su vehículo un par de metros para recoger otro contenedor y todos los asombrados testigos, aprendimos un nuevo insulto:

“¡Muévete PREPUCIO* hijo de p……..!”

Y pensé… “Este tiarraco también tiene derecho al voto” y me entró un desánimo enorme porque quizás por eso estamos como estamos.

Así es la vida. Así son y así están las cosas.

*Repliegue móvil de la piel del pene que cubre el glande