Nota de Prensa.- La historiadora Mariona Vigués ha ofrecido una charla sobre El Real Colegio Tarrasense en la sede del Rotary Club de Terrassa y ha comenzado su disertación explicando la situación económica y social de la Terrassa del siglo XIX marcada por el desarrollo industrial y poco pendiente de la formación intelectual de sus niños. Ha comentado que la cifra de analfabetización de la población en España que llegó al 70% en el último tercio del siglo XIX y la dificultad de tener datos en Cataluña indicando, sin embargo, que en 1932 sólo estaban escolarizados el 39’11 % de los niños catalanes y el 35’96% de las niñas.

Seguidamente ha hecho un repaso del crecimiento de la población de Terrassa a lo largo del siglo, constatando la llegada de población llegada del resto del Estado a partir de 1850 haciendo especial mención en la aparición, evolución y dificultades de las escuelas públicas y las privadas en la ciudad. Hecha esta introducción ha detallado cómo un grupo de industriales y personas acaudaladas, no satisfechos con la enseñanza que las escuelas de la ciudad podían dar a sus hijos, crearon una sociedad de nombre Vinyals, Rovira, Ullés y Cía que tenía como objetivo comprar un terreno en Terrassa o cerca y construir una escuela destinada a primera y segunda enseñanza que cubre las necesidades de la emprendedora burguesía local, una escuela que fuera al estilo de los colleges ingleses entonces tan de moda. El presidente de la sociedad era Miquel Vinyals i Galí y como administradores figuraban Tomás Rovira i Brusi y Lázaro Ullés i Subirana.

Las obras del nuevo edificio empezaron pronto, en 1864, en un terreno en la zona de la ciudad conocida como Era de Arriba, siendo el arquitecto Francesc Daniel Molina, y el maestro de obras Pere Comerma i Redondo. El edificio se construyó según las últimas novedades arquitectónicas de la época y se hizo en un tiempo record ya que el primer curso escolar fue el de 1.864 hasta 1.865.

El hecho es que había que buscar una persona competente que lo dirigiera y el elegido fue el Dr. Anselm Cabanes i Brunés que imprimió tanto en la enseñanza del bachillerato como en la enseñanza primaria su propio estilo académico, innovador para la época y basado en la experimentación. El Colegio Tarrasense tenía alumnos externos pero también alumnos internos de diferentes procedencias geográficas, incluso hispanoamericanos hijos o descendientes de catalanes que vivían en Cuba y Puerto Rico.

La vida del Colegio Tarrasense continuó sin interrupción durante los años revolucionarios de 1868-1873, incluso recibió la visita del rey Amadeo de Saboya el 20 de septiembre de 1871 que admirado pronunció la frase: “Ni en Italia ni en España hay Otro igual “. En 1872 la Guerra Civil carlista dio nuevos sustos en la ciudad que fue ocupada por sorpresa el 22 de julio; algunos padres de alumnos internos sacaron a sus hijos por miedo a poca seguridad. El Dr. Cabanes cerró temporalmente la escuela pero aquel verano murió y cuando se reabrió en septiembre ocupó el cargo un antiguo alumno y que en aquellos momentos era profesor, Joan Cadevall i Diars.

Cadevall estuvo muy implicado en el éxito del Colegio Tarrasense y en la vida cultural de la ciudad; personaje inquieto y polifacético era conocido más allá de Terrassa por ser una eminencia especialmente en botánica. Siguiendo las necesidades de profesionales bien formados, creó, de acuerdo con el Ayuntamiento, la Escuela de Artes y Oficios ubicada hasta 1902 en el edificio del Colegio Tarrasense que a los 25 años de su fundación recibió el título de Real de manos de la reina Mª Cristina que había visitado la ciudad. El estudio de Josep Llimona fue el autor del escudo real que hoy todavía hay en la fachada de la escuela.

Los últimos años de finales de siglo XIX, comenzaron las dificultades; el ayuntamiento no pagaba puntualmente el dinero para la enseñanza de los alumnos “pobres” que el Real Colegio acogía, tampoco la subvención por la Escuela de Artes y Oficios y cada curso se arrastraba más déficit; a esto hay que añadir que muchos industriales habían trasladado su residencia a Barcelona y allí ya había buenos colegios para llevar a sus hijos. El curso 1900-1901 sería el último curso escolar del magnífico Real Colegio Tarrasense. Un año después ya se instalaron los escolapios que habían llegado a la ciudad a petición del Ayuntamiento.