Un año más, Terrassa competirá en jolgorio con cualquier cementerio mundial con la vitalidad luminosa que los genios han decidido desde hace algunos años, que es espectacular en la Navidad y con la que parecen querer hacer una broma macabra con el cuento de que se gasta menos. Si es por no gastar que no pongan nada.

Lástima que los políticos en general a cuenta de que creen que la verdad les acompaña hasta el fin del mundo, aunque sea una mentira, no escuchan más que lo que quieren escuchar y la bochornosa iluminación navideña local, seguirá hasta que reviente los plomos.

Así es la vida. Así son y así están las cosas